Nada personal
El dieciocho de septiembre de dos mil veintiséis la Secretaría de Educación Público anunció el Acuerdo Nacional para Garantizar los Derechos de Niñas, Niños, Adolescentes y Jóvenes en la Interacción, Uso Responsable y Seguro de los Dispositivos Digitales Personales, así como de Tecnologías de Aprendizaje en las Escuelas Públicas y Particulares del Sistema Educativo Nacional.
A través del cual, se empezará a regular el uso de celulares en las escuelas a partir del tres de noviembre de dos mil veintiséis.
En primaria y secundaria, habrá una restricción total durante toda la jornada escolar; en media superior y superior las reglas serán construidas por acuerdo de su propia comunidad educativa.
A la par de esta medida, con la estrategia “El ABC de las emociones” se pretende fortalecer el cuidado de la salud mental de adolescentes y jóvenes de catorce a dieciocho años.
Para informar al respecto, la Secretaría de Educación Pública realizará una campaña de difusión, asambleas escolares, actividades en aulas y entrega de guías a estudiantes, familias y docentes.
Y esta medida, hace absoluto sentido.
Como ya he hablado en este espacio (y en otras plataformas) en su libro Generación Ansiosa, el psicólogo social Jonathan Haidt, describe como a partir de 2010 se desató una crisis de salud mental, ansiedad, depresión e incluso suicidio (sobre todo en la generación Z).
Esto se debió, en esencia, a la disminución del juego exterior y la sobreprotección, la llegada del iPhone en 2007, las redes sociales hiperviralizadas a través de los botones de me gusta y compartir (2009), así como las cámaras frontales de los smartphones (2010) y que Facebook comprara Instagram en 2012.
Todo esto hizo que la generación Z atravesara la pubertad con un portal en el bolsillo que, aunque tiene sus cosas buenas, los llevó a un universo adictivo, lleno de comparaciones, en el que debían participar y triunfar y que disminuyeran la socialización en persona y el juego que dotan de las dificultades y experiencias sociales que todos necesitamos para desarrollarnos.
El autor propone, como medidas de rescate, nada de smartphones ante de los 14 años, nada de redes sociales antes de los 16 años y colegios e institutos sin teléfonos móviles y más juego autónomo.
Para el autor, esta medida no debe ser únicamente que los estudiantes no puedan usar los teléfonos en clase, porque incentiva a su uso a escondidas y entre clases o después de estas, lo que mitiga la socialización.
La política que propone es un veto total de los teléfonos, los cuales deberían guardarse por los alumnos al llegar en un estuche bloqueable.
Aunque el acuerdo no ha sido publicado oficialmente, de la información que proporcionan los medios de comunicación parece ser que la restricción de celulares a nivel primaria y secundaria será total, lo que es más que excelente, y deberá robustecerse, según el autor con mayor juego libre.
Habrá que ver como operara este acuerdo, si, los estudiantes simplemente no podrán ingresar teléfonos a los planteles, o estos serán almacenados y resguardados en algún lado antes de su ingreso y durante la jornada escolar. A veces la materialización de las medidas tomadas en papel es de lo más complicado, pero confío que vamos por muy buen camino.




