Nada Personal
Durante años confundimos modernización con digitalización. Nos convencimos de que introducir más pantallas, teléfonos, tabletas y aplicaciones en la vida cotidiana significaba, necesariamente, avanzar. Hoy comenzamos a comprender que la tecnología es una extraordinaria herramienta cuando está al servicio de las personas, pero puede convertirse en un poderoso mecanismo de distracción y dependencia cuando las personas terminan subordinadas a ella.
Por eso considero acertada la decisión de la Secretaría de Educación Pública de restringir el uso de teléfonos celulares y otros dispositivos personales durante la jornada escolar en la educación básica. No se trata de declarar una guerra contra la tecnología ni de pretender regresar a una escuela ajena al mundo digital. Se trata de algo mucho más elemental: recuperar para la escuela el espacio y el tiempo necesarios para aprender, pensar, conversar y convivir.
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