El IMSS: los derechos de los trabajadores también son derechos del pueblo
Inicia el año laboral 2026, un periodo en el que organizaciones públicas y privadas, así como sus integrantes, planean metas y definen los resultados necesarios para alcanzar los objetivos institucionales. Para lograrlo, se requiere una mirada objetiva y honesta en la toma de decisiones; procesos que a menudo resultan complejos e incómodos debido al reto que implica comunicarlos y al impacto que generan en quien recibe el mensaje. No obstante, el compromiso de un líder es responder a las necesidades de la organización por encima de los vínculos personales.
Liderar significa aceptar no solo los triunfos, sino también las decisiones erróneas que deben asumirse y resarcirse en el momento justo. Implica, además, ubicar el talento en el espacio adecuado. Todos los individuos poseen habilidades y competencias que deben canalizarse correctamente; sin embargo, esto requiere disposición al trabajo, pues el afecto no siempre garantiza la eficacia.
Un nuevo comienzo exige hacer una pausa para reflexionar sobre lo que se necesita hacer, los cambios a ejecutar y la revisión de aquello que funciona frente a lo que ha dejado de ser útil. En el ámbito del liderazgo, este es un momento crucial para tomar determinaciones necesarias, aun cuando no siempre sean comprendidas o, en ocasiones, sean cuestionadas y generen rumores.
Los cambios siempre provocan reacciones, tanto positivas como negativas. Se asumen costos emocionales e incluso políticos, pero al final prevalece la comprensión del bien mayor y el porqué de las acciones. Postergar decisiones para evitar conflictos personales puede resultar más dañino que el cambio mismo. Las organizaciones que se estancan suelen hacerlo no por falta de talento, sino por la incapacidad de renovarse a tiempo. Un directivo no puede permitir que, por miedo a la confrontación, se exponga o arriesgue a quienes muestran respeto y lealtad. Es difícil, pero es parte esencial de la encomienda directiva: decidir lo correcto en el momento indicado.
El comienzo del año ofrece una oportunidad simbólica para cerrar ciclos con respeto y abrir nuevos caminos. No se trata de rupturas abruptas ni de desvalorizar el trabajo previo, sino de transiciones bien pensadas, comunicadas con honestidad y orientadas al bien común. La renovación del liderazgo es también una forma de cuidado: hacia la institución, el equipo y las personas involucradas.
Tomar decisiones difíciles es parte intrínseca del liderazgo. Y aunque resulten dolorosas, son las que permiten avanzar, crecer y adaptarse a los desafíos que trae consigo cada nuevo año.




