Las Batallas
En toda sociedad que aspire a la justicia, la educación no puede ser entendida como un servicio accesorio ni como un privilegio condicionado por el ingreso o la geografía. La educación es, en sentido profundo, la base material y simbólica del bienestar colectivo: el espacio donde se forman no solo habilidades productivas, sino también conciencias, valores y ciudadanía.
Durante décadas, en México se impulsó una visión reduccionista de la educación. Se le concibió como un instrumento funcional al mercado, subordinando su sentido social a lógicas de eficiencia, evaluación estandarizada y competitividad individual. Bajo ese paradigma, el acceso se amplió, pero la desigualdad persistió; la cobertura creció, pero la deserción reveló sus límites estructurales, especialmente en los sectores más vulnerables.
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