Columna Descomplicado/Jorge Robledo
El consumo normalmente conocido, basado en una economía lineal, ha demostrado ser un modelo insostenible debido al impacto ambiental generados por la producción y la gran cantidad de desechos.
En la actualidad, resulta prioritario transitar hacia un consumo responsable que tenga como prioridad la reducción de residuos, la adquisición de productos básicos y los que se consumirán.
Ante ello, debemos cuestionarnos: ¿Cuál es el porcentaje de productos en nuestro hogar que provienen del campo? ¿Conocemos quién, dónde y cómo se producen nuestros alimentos?
Ahora bien, cuando nos convertimos en consumidor solidario, fortalece el tejido de la comunidad, garantizando la viabilidad de los productores locales, evitando así una crisis en el sector agropecuario.
Históricamente, este sector ha enfrentado distintas adversidades, no solo por el actual Poder Ejecutivo, también por las administraciones pasadas, por tal motivo, en el accionar ciudadano, existieron diversas manifestaciones, un ejemplo emblemático es la Asociación de Citricultores del Valle de Apatzingán (ACVA) en Michoacán.
Los productores no solo lidiaron la falta de apoyos y la volatilidad en el precio del limón y otros cultivos, sino que se enfrentaron a los intermediarios, el desplazamiento y la inseguridad, obligando a la comunidad no solo a demandar cambios, sino a participar activamente en la toma de decisiones.
Bajo esta idea, el surgimiento de las cooperativas cobra relevancia, desde su surgimiento en el siglo XIX con los pioneros de Rochdale en Inglaterra -quienes fundaron la Sociedad Equitativa para distribuir los beneficios del trabajo-, sentando la base de una economía social.
De ahí que, hoy en día, existen organizaciones que, sin estar formalmente constituidas como cooperativas, operan bajo sus mismos principios, como ejemplo en esta misma línea de producción de alimentos, tenemos a los tianguis y mercados alternativos.
En el Estado de Puebla, destaca el Tianguis Alternativo de Puebla (TAP), bajo el lema “Otro consumo es posible”, este espacio se distingue por ser el único en la entidad con un sistema de certificación orgánica (SCOP-300123-21-PO-004), avalado por la Ley de Productos Orgánicos, acompañando a los productores en la mejora de sus prácticas, garantizando a los consumidores la calidad de los alimentos.
Lo anterior, mediante visitas de acompañamiento del comité de certificación del TAP, quienes dictaminan y designan si un producto es: orgánico, en transición, artesanal y alternativo; asimismo, brinda asesoría para la mejora de la producción.
Finalmente, es de suma importancia que, como comunidad respaldemos a los productores locales, ya sea a través de los mercados, las centrales de abasto o estas nuevas alternativas de consumo, siendo nuestra elección importante al igual que la participación directa, como el motor que sostiene la soberanía alimentaria y la justicia social en el campo.