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PUEBLA, Pue., 21 de junio de 2026.- La imagen del policía uniformado que patrulla las calles, investiga delitos o atiende emergencias es relativamente reciente.
Detrás de esa figura existe una evolución de más de cuatro mil años, marcada por imperios, revoluciones, guerras y transformaciones sociales.
La Policía moderna no surgió de un sólo acontecimiento, sino de un largo proceso que comenzó cuando las primeras civilizaciones comprendieron que la supervivencia de las ciudades dependía de mantener el orden.

Los registros más antiguos se remontan al Antiguo Egipto, alrededor del año 3000 antes de Cristo.
Los faraones contaban con grupos de vigilantes encargados de proteger los templos, custodiar las rutas comerciales y perseguir a los delincuentes.
Algunas unidades empleaban perros y monos amaestrados para la captura de fugitivos.
En Mesopotamia, las leyes del rey Hammurabi, promulgadas cerca de 1750 A.C., establecieron responsabilidades para las autoridades locales en la persecución de delitos.
La seguridad era una obligación del Estado y no únicamente una cuestión privada.
En China, durante las dinastías Qin y Han, existían funcionarios dedicados a vigilar el cumplimiento de las leyes, recaudar impuestos y mantener la estabilidad en las ciudades.

El Imperio Romano desarrolló una organización mucho más compleja. En el año 27 antes de Cristo, el emperador Augusto instauró los Vigiles Urbani, una fuerza integrada por unos siete mil hombres divididos en cohortes.
Su misión era combatir incendios, vigilar las calles durante la noche y detener delincuentes.
Además, existían los Urbaniciani, encargados del orden público, y la Guardia Pretoriana, dedicada a la protección del emperador.
Historiadores consideran a los Vigiles como uno de los antecedentes más cercanos de las corporaciones policiales modernas, pues sus integrantes eran funcionarios permanentes pagados por el Estado.

Con la caída del Imperio Romano desaparecieron las instituciones centralizadas. Durante siglos, la seguridad quedó en manos de señores feudales, alguaciles y milicias locales.
En Inglaterra surgió el sistema del Hue and Cry, mediante el cual cualquier ciudadano que presenciara un delito debía alertar a la población y perseguir al infractor. Negarse a participar era castigado.
En 1285, el Estatuto de Winchester estableció rondines nocturnos y vigilantes comunitarios, sistema que permaneció vigente durante más de cinco siglos.
Mientras tanto, en España aparecieron figuras como los alguaciles y, posteriormente, la Santa Hermandad, creada por los Reyes Católicos en 1476, considerada por algunos historiadores como una de las primeras instituciones de seguridad pública de Europa. Su misión era perseguir salteadores de caminos y delincuentes que actuaban fuera de las ciudades.

La palabra policía proviene del griego polis (ciudad) y del latín politia, relacionado con la administración del Estado.
En 1667, el rey Luis XIV creó la Tenencia General de Policía de París. El organismo no sólo combatía el delito; también regulaba mercados, controlaba la higiene urbana, supervisaba la iluminación pública e incluso vigilaba las costumbres de la población.
Por primera vez se utilizó el término policía para designar a una institución encargada de preservar el orden social.

La Revolución Industrial provocó un crecimiento explosivo de Londres. A inicios del siglo XIX la ciudad era una de las más pobladas del planeta y sufría elevados índices de delincuencia.
La seguridad dependía de unos cuatro mil serenos nocturnos, 450 alguaciles y los Bow Street Runners, considerados los primeros investigadores criminales. El sistema era fragmentado y acusado de corrupción.
En 1822, Robert Peel fue nombrado ministro del Interior británico. Tras varios estudios, impulsó una reforma que cambió para siempre la historia de la seguridad pública.
El 19 de junio de 1829 el Parlamento aprobó la Ley de Policía Metropolitana. El 29 de septiembre comenzaron a patrullar las calles casi mil agentes uniformados. Había nacido la Policía Metropolitana de Londres.
Los policías fueron conocidos como Bobbies o Peelers, en honor a Robert Peel, quien sería recordado como el padre de la policía moderna.

Peel sostenía que la fuerza policial debía actuar con legitimidad social y no como un ejército de ocupación. Entre sus principios destacaban:
Dos siglos después, estas ideas siguen formando parte de la doctrina policial en numerosos países.

Durante el siglo XIX aparecieron nuevas especialidades. En 1842, Scotland Yard creó la primera división de detectives.
La ciencia revolucionó la investigación criminal. En 1888, las pesquisas sobre los asesinatos atribuidos a Jack el Destripador impulsaron técnicas de análisis más sofisticadas.
En 1892, el argentino Juan Vucetich desarrolló el sistema moderno de identificación por huellas dactilares, método que todavía se emplea en gran parte del mundo. Poco después, Francia incorporó los estudios antropométricos de Alphonse Bertillon. Estas herramientas marcaron el nacimiento de la policía científica.

Boston creó el primer departamento policial permanente en 1838. Nueva York hizo lo propio en 1845 y Chicago en 1851.
Con el tiempo aparecieron organismos especializados como el Servicio Secreto, en 1865, y el Buró Federal de Investigaciones (FBI), fundado en 1908.
Durante el siglo XX las corporaciones estadounidenses incorporaron radios, automóviles patrulla, laboratorios forenses y sistemas computarizados.

Durante el Virreinato, la seguridad recaía en alguaciles y cuerpos militares españoles. Después de la Independencia, cada estado y municipio organizó sus propias fuerzas.
En 1848 surgió la Guardia de Policía de la Ciudad de México. Durante el Porfiriato aparecieron los llamados Rurales, una corporación montada creada para combatir el bandolerismo y proteger las vías de comunicación.
Tras la Revolución Mexicana, el país reorganizó sus instituciones. En 1928 se fortaleció la Policía del Distrito Federal y, décadas más tarde, nacieron la Policía Judicial Federal y la Dirección Federal de Seguridad.
En 1999 apareció la Policía Federal Preventiva y en 2009 fue sustituida por la Policía Federal. Diez años después, el gobierno federal creó la Guardia Nacional, institución que absorbió gran parte de las capacidades operativas de la Policía Federal.

La evolución tecnológica transformó por completo el trabajo policial. Los primeros agentes patrullaban a pie y utilizaban silbatos para pedir apoyo. Más tarde llegaron el telégrafo, las motocicletas, las radiocomunicaciones y los automóviles.
Hoy las corporaciones emplean cámaras corporales, drones, sistemas biométricos, reconocimiento facial, laboratorios de ADN, software de análisis criminal e inteligencia artificial.
Sin embargo, pese a los avances tecnológicos, la esencia permanece intacta desde hace casi dos siglos. La Policía moderna sigue descansando sobre una idea planteada por Robert Peel en 1829: el poder de una corporación no proviene únicamente de las armas o de la ley, sino de la confianza que le otorgan los ciudadanos.
La historia de la Policía es, en realidad, la historia de cómo las sociedades han intentado responder a una misma necesidad desde la antigüedad: proteger a las personas y preservar el orden frente al crimen.





