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Los primeros registros públicos sobre la llamada Operativa Barredora en Puebla comenzaron a multiplicarse entre 2023 and 2024.
PUEBLA, Pue., 5 de junio de 2026.- Durante los últimos tres años, el nombre de La Barredora pasó de aparecer de manera esporádica en mensajes abandonados junto a cuerpos y mantas intimidatorias, a convertirse en una de las referencias más recurrentes dentro de los expedientes de violencia criminal en Puebla.
La pregunta es si este grupo opera realmente como una célula orgánica del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) o si únicamente adoptó las siglas y la identidad visual de esa organización para fortalecer su presencia regional.
En México, diversos grupos locales han utilizado durante años el nombre de grandes cárteles para elevar su capacidad de intimidación, atraer operadores criminales o enviar mensajes de control territorial y Puebla parece entrar en esa lógica.
Los primeros registros públicos sobre la llamada Operativa Barredora en territorio poblano, de acuerdo con lo investigado por Quadratín Puebla, comenzaron a multiplicarse entre 2023 y 2024.
Las referencias aparecieron en narcomantas, videos difundidos en redes sociales y hechos violentos ocurridos principalmente en la zona metropolitana de Puebla, San Martín Texmelucan, Tecamachalco y municipios del llamado Triángulo Rojo.
Mientras corporaciones estatales y federales realizaron detenciones de presuntos integrantes identificados con chalecos rotulados con las siglas CJNG y Operativa Barredora, algunas autoridades evitaron confirmar plenamente la existencia formal del cártel jalisciense en Puebla.
En abril de 2024, el entonces fiscal Gilberto Higuera Bernal señaló que las mantas o mensajes firmados con siglas criminales no eran suficientes para acreditar operaciones directas del CJNG en la entidad.
Sin embargo, durante 2025 y 2026 el discurso de las autoridades de seguridad cambiaron gradualmente.
Informes de detenciones, comunicados de seguridad y resoluciones judiciales comenzaron a referirse de forma más directa a La Barredora del CJNG o Operativa Barredora afiliada al CJNG.
De acuerdo con fuentes de inteligencia policial, la evolución refleja una posible integración operativa más estrecha entre células locales y estructuras del cártel jalisciense.
También consideran que el fenómeno responde más a una franquicia criminal que a una subordination vertical real.
En el lenguaje del crimen organizado, la palabra franquicia describe a grupos regionales que adoptan el nombre, símbolos o reputación de un cártel dominante sin necesariamente formar parte de su estructura centralizada.
A cambio, pueden recibir respaldo logístico, acceso a rutas, armamento, contactos o legitimidad criminal.
En estados como Zacatecas, Michoacán, Veracruz y Tabasco, organizaciones locales utilizaron durante años las siglas del CJNG sin que existiera claridad absoluta sobre su dependencia jerárquica.
En Tabasco, por ejemplo, La Barredora llegó a ser identificada como una organización propia con conexiones variables con el CJNG y con estructuras políticas y policiales locales.
En Puebla, los indicios muestran una mezcla de ambas dinámicas.
Las autoridades han asegurado chalecos tácticos con insignias del CJNG y de Operativo Barredora durante distintos operativos.
También existen investigaciones que vinculan a integrantes de esta célula con homicidios, narcomenudeo, robo de hidrocarburo y ataques armados.
No obstante, la operación territorial parece conservar características propias de grupos locales.
Buena parte de los detenidos son originarios de Puebla o municipios cercanos; además, las disputas detectadas se concentran en economías criminales regionales como robo a transporte, huachicol, cobro de piso y control de narcomenudeo.
Las fuentes de inteligencia policial sostienen que el CJNG suele funcionar mediante alianzas flexibles.
El cártel no siempre desplaza completamente a estructuras locales, en ocasiones las absorbe parcialmente, las financia o simplemente les permite operar bajo su marca.
Esa dinámica facilita expansión rápida sin necesidad de mantener cuadros propios en todos los estados.
En Puebla, la violencia atribuida a La Barredora coincide con un periodo de fragmentación criminal.
La caída de antiguos liderazgos dedicados al robo de combustible dejó vacíos territoriales que comenzaron a disputarse células locales, bandas independientes y grupos con vínculos externos.
La utilización de las siglas del CJNG pudo convertirse en una herramienta de posicionamiento.
Los mensajes difundidos por presuntos integrantes de Operativa Barredora muestran además una narrativa típica de grupos que buscan legitimarse como fuerzas de limpieza contra rivales.
El término barredora alude precisamente a la intención de barrer o eliminar competidores.
En un entorno criminal donde el control psicológico es fundamental, argumentaron las fuentes consultadas, utilizar el nombre de uno de los cárteles más violentos y expansivos del país multiplica el efecto intimidatorio sobre rivales, policías y población civil.
Las investigaciones recientes apuntan a que Puebla dejó de ser solamente una zona de paso para organizaciones criminales.
El crecimiento del mercado de drogas local, la conectividad carretera y la presencia de corredores de robo de mercancías aumentaron el interés de grupos nacionales.
En ese contexto, La Barredora parece haberse convertido en un híbrido: una estructura regional que opera con dinámicas locales, pero que al mismo tiempo utiliza —y posiblemente comparte— identidad, recursos y vínculos con el CJNG.




