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PUEBLA, Pue., 23 de octubre de 2025.- En las calles, los ríos y hasta en los botes de basura hay microplásticos: diminutas partículas de menos de 5 milímetros de diámetro que se originan tanto en el proceso de fabricación de productos específicos como en la fragmentación de plásticos de mayor tamaño.
Estos elementos, aunque casi imperceptibles, afectan la calidad del suelo y pueden ser ingeridos por especies marinas y terrestres, provocando daños a su salud. De manera similar, los seres humanos también pueden consumirlos accidentalmente.
Ante esta problemática, estudiantes de la Universidad Iberoamericana de Puebla desarrollaron un prototipo que convierte el plástico PET en combustible. Este material es ampliamente utilizado en envases de alimentos y bebidas.

Samara Garrido Minutti oriunda de Nuevo León y Josafat Jiménez Caballero de San Luis Potosí, ambos de la Licenciatura en Ingeniería Química; así como los poblanos Marco Josué Hernández Trinidad, de Ingeniería Industrial y Pablo Eduardo López Manzano, de Ingeniería Mecatrónica, elaboraron el combustible mediante un proceso llamado pirólisis.
“Es un proceso químico de degradación endotérmico, es decir, requiere calor para funcionar y producir productos. Se realiza a altas temperaturas, entre 300 y 500 grados Celsius, en una atmósfera inerte donde no hay oxígeno. De esta manera podemos controlar mejor lo que producimos, que en este caso son hidrocarburos para generar combustibles”, explicó Samara en entrevista para Quadratín Puebla.
Dado que el procedimiento requiere altas temperaturas, Marco Josué Hernández y Pablo Eduardo López realizaron simulaciones del sistema mediante un programa para asegurar que funcionara correctamente y evitar accidentes durante el desarrollo del proyecto.
“Antes de iniciar el proceso hicimos una simulación con SolidWorks. Este software permite predecir el comportamiento del reactor según las cargas de presión y temperatura, que eran las variables que más nos interesaban”, comentó Pablo Eduardo.

El proceso consiste en que el plástico recolectado y previamente limpiado pasa a través de un reactor conectado a una resistencia. El sistema se monitorea hasta alcanzar la presión indicada con la ayuda de una bomba de vacío, la cual genera una atmósfera inerte libre de oxígeno. Una vez alcanzada la presión deseada, el plástico se funde y se transforma en combustible.
Sin embargo, el proyecto aún se encuentra en fase experimental y requiere estudios analíticos más amplios. Algunos de los desafíos que enfrenta este tipo de combustible es que en el proceso se pueden generar ciertos gases residuales, por lo que se necesita un gran control del proceso.

“Creo que lo que más necesitamos es tiempo, pero sobre todo buscar personas expertas en el tema, que hayan trabajado con polímeros y puedan describirnos mejor el comportamiento del PET. Nos falta un poco de conocimiento en simulación de procesos, pero fuera de eso, creo que podemos lograrlo”, comentó Samara.
Así, los estudiantes Samara, Pablo, Josafat y Marco de apenas 21 años de edad continúan perfeccionando su proyecto mientras buscan alianzas estratégicas que les permitan impulsar su sistema para reducir la contaminación por plástico que invade tanto zonas naturales como urbanas.
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