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PUEBLA, Pue., 16 de septiembre de 2025.- En la búsqueda de alternativas seguras a los colorantes sintéticos que predominan en los alimentos procesados, un grupo de investigadores de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) desarrolló pigmentos naturales microencapsulados obtenidos de la cáscara de Renealmia alpinia, un fruto silvestre de la Sierra Norte conocido en totonaco como x´kijit.
Estos pigmentos, además de no representar riesgos para la salud humana, contienen compuestos antioxidantes y podrían sustituir colorantes sintéticos como el rojo número 3, vinculado al desarrollo de cáncer.
A través de un boletín de la BUAP se dió a conocer que el académico Juan José Luna Guevara, de la Facultad de Ingeniería Química, explicó que este fruto se distingue por su pulpa de intenso color amarillo, numerosas semillas y una cáscara rojo-violácea de la que se extraen tonalidades que van del morado al azul marino.
“En comparación con otras frutas, tiene un alto contenido de proteínas y grasas”, precisó.
El proyecto de investigación ya derivó en dos registros de patente ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI): tortillas de maíz enriquecidas con la pulpa de Renealmia alpinia y la obtención de microencapsulados de la cáscara de esta especie vegetal.

Este proceso, conocido como microencapsulación o secado por aspersión, permite proteger las propiedades nutricionales y funcionales del fruto mediante un agente de recubrimiento para que puedan incorporarse a diversos productos alimenticios.
Para su escalamiento, el proyecto recibió financiamiento de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (SECIHTI) a través de la convocatoria “Maduración de tecnologías, mejoramiento de la inventiva y retos tecnológicos para la atención de problemáticas nacionales prioritarias”.
Con estos recursos se construirá un invernadero y una planta piloto en Ciudad Universitaria 2 (CU2) de la BUAP. También se incluirá el estudio de Tecoma stans, una planta usada tradicionalmente en el tratamiento de la diabetes.
En esta investigación participan, además de Luna Guevara, María Lorena Luna Guevara, Paula Beatriz Fuentes Herrera —quien realiza una estancia posdoctoral—, una estudiante de doctorado, y David Eduardo Pinto Avendaño, director general de Innovación y Transferencia de Conocimiento. También colaboran José Espinoza Pérez, de la Universidad Intercultural del Estado de Puebla; Gregorio Romero de la Vega, de la Universidad Iberoamericana Puebla; y Valente Álvarez, director del Centro de Industrias Alimentarias de la Universidad Estatal de Ohio, Estados Unidos.
En la planta piloto no sólo se obtendrán los polvos microencapsulados; también se realizarán pruebas fisicoquímicas, microbiológicas y de estabilidad para garantizar su calidad.
Según Luna Guevara, ya existen dos empresas interesadas en su uso: una dedicada a la elaboración de productos cárnicos y otra a la producción de aditivos para la industria alimenticia.
El investigador destacó que este trabajo no sólo busca mejorar la calidad nutricional de los alimentos —como ya ocurrió al adicionar la pulpa a tortillas de maíz, que aumentaron su contenido de proteína y grasas saludables—, sino también rescatar y difundir un recurso fitogenético con valor cultural para las comunidades de la Sierra Norte. Las hojas de esta planta, recordó, se emplean para envolver tamales y su cultivo es limitado, pues crece de manera silvestre o junto a matas de café.
Para ampliar su aprovechamiento, la BUAP realizó un diagnóstico agrícola que incluye indicadores de humedad, tipo de suelo, temperatura y radiación fotosintética. Con esa información se replicarán en invernadero las condiciones de cultivo.
“Nos acercamos a las cocineras tradicionales de Cuetzalan para ampliar los usos y aplicaciones de este fruto”, concluyó Luna Guevara.
