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Del duelo a la gobernanza: El origen y reto del Día Nacional de Protección Civil
El 19 de septiembre no nació como un renglón en el calendario oficial ni como un ejercicio de evacuación protocolario. Nació del dolor, del colapso institucional y de la irrupción colectiva de la sociedad civil. Tras los devastadores sismos de 1985 en la Ciudad de México, la incapacidad de respuesta gubernamental fue superada por una ciudadanía que, con palas, picos y solidaridad, asumió las labores de rescate en los escombros. Aquella tragedia evidenció que el país carecía de una política pública para prevenir y atender desastres socio-naturales, marcando el punto de inflexión para la creación del Sistema Nacional de Protección Civil (SINAPROC) en mayo de 1986 y la posterior instauración del Día Nacional de Protección Civil.
En su origen, la conmemoración buscaba honrar la memoria de las víctimas y reconocer que la seguridad ciudadana requería una estructura orgánica entre la Federación, los estados y los municipios. Más tarde, la coincidencia trágica del sismo de 2017 terminó por fijar el 19S en la memoria colectiva del país como un recordatorio indeleble de la vulnerabilidad territorial ante la fuerza de los fenómenos geofísicos. Sin embargo, a cuatro décadas de aquella génesis social, cabe preguntarse si la conmemoración ha conservado su espíritu crítico o si ha sido absorbida por la burocracia.
En el debate contemporáneo de la Gestión Integral del Riesgo de Desastres (GIRD), la protección civil no puede reducirse al "cumplimiento" de la evacuación en el Simulacro Nacional. El simulacro es un instrumento valioso de autoprotección, pero si se limita a un acto fotográfico para cumplir con la norma, corre el riesgo de convertirse en una escenografía de preparación. La verdadera gestión del riesgo no se mide por la rapidez con la que se desaloja un edificio público una o dos veces al año, sino por las decisiones institucionales que se toman los otros 364 días.
Hoy, conmemorar el 19S exige pasar de la visión reactiva y socorrista a la gobernanza del riesgo. Esto implica fiscalizar la actualización de los atlas municipales de riesgo, exigir que los reglamentos de construcción se apliquen sin corrupción, garantizar presupuestos para obras de mitigación y erradicar la edificación en zonas de alto riesgo. Asimismo, requiere entender que la resiliencia comunitaria no se improvisa durante la emergencia, sino que se construye mediante la educación, el ordenamiento territorial y la inversión en infraestructura resiliente.
Hoy la normatividad en Gestión de Riesgos y las instituciones han tenido un gran avance para la prevención y reacción ante una emergencia, sin embargo, los simulacros se han convertido en un acto protocolario más que en un acto educativo y de prevención. Es bien sabido que para que una actividad se vuelva hábito, se debe practicar por lo menos 66 veces. No es necesario realizar un simulacro todos los días, pero sí es necesario reforzar todos los días prácticas cotidianas que nos ayuden a fortalecer la cultura de autoprotección en todos los espacios públicos y privados de tal manera que la Gestión de Riesgos se integre en la vida diaria.
La gobernanza no sólo recae en las autoridades, necesita de la participación de la sociedad, pero una sociedad consciente de que los desastres no son naturales y de que cada decisión que tomamos en la comunidad puede representar aumentar o disminuir los riesgos. Como ciudadanos debemos de tomar más protagonismo y exigir que todas las personas que aspiren a un cargo de representación popular integren en sus propuestas de campaña acciones de Gestión de Riesgos, que conozcan el Atlas de Riesgos del territorio que van a gobernar, que presupuesten recursos suficientes para materializar acciones preventivas. Una vez que lleguen al cargo que transparenten el uso de recursos, que incluyan en sus programas presupuestarios la GIRD y que fomenten la cultura de autoprotección. Los años nos han enseñado que sin presión social las autoridades se acomodan en zonas de confort, los simulacros del 19S son una zona de confort.
Honrar el origen del Día Nacional de Protección Civil es recuperar la memoria histórica para exigir instituciones eficaces. La mejor manera de recordar el esfuerzo ciudadano de 1985 no es el protocolo burocrático, sino la construcción diaria de comunidades preparadas, informadas y con la capacidad de salvar vidas ante la marcha inevitable de la naturaleza y de las interacciones humanas. Que las vidas perdidas no sean en vano.
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Facebook: Ma De Jesus Tobón Ramírez
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