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PUEBLA, Pue., 4 de julio de 2026.- Carmelo Pérez García, estudiante del último semestre de la licenciatura en Diseño Textil de la Universidad Iberoamericana Puebla, tuvo una idea mientras veía la película El Castillo Vagabundo, de Studio Ghibli. La imagen de un castillo construido con chatarra que protegía a las personas le dio la clave para diseñar prendas capaces de convertirse en casas de campaña para personas en situación de calle o para quienes enfrentan contextos de vulnerabilidad, como un desastre natural.
Ese proyecto formó parte de su trabajo de titulación y, en 2025, lo llevó a ganar una subcategoría del Premio Nacional de Diseño con su colección de ropa denominada Daffodil, la cual fue expuesta en el Museo Franz Mayer, en la Ciudad de México.

"Fue la primera vez que puedo decirte que estuve cosiendo a ciegas, porque verdaderamente no es como que te digan: haz el abrigo y ya después se va a hacer casa de campaña. Era verlo desde un inicio como una casa de campaña y también desde un inicio como un abrigo. Entonces era diseñar dos cosas al mismo tiempo por separado, pero se sentía raro porque sabías que tenían que estar juntas. No se podía hacer una cosa sin la otra, ni hacer un movimiento sin considerar al otro", narró Carmelo Pérez García en entrevista.
Tras investigar sobre la arquitectura hostil, una corriente que diseña espacios para controlar el comportamiento de las personas y excluir a poblaciones vulnerables, presente en distintas partes del país y también en Puebla, Carmelo comprendió que era necesario crear prendas que protegieran de la intemperie a sectores vulnerables, como mujeres en situación de calle con hijos.
Así creó dos estilos conformados por seis atuendos: abrigos que pueden transformarse en casas de campaña, suéteres que se convierten en sleeping bags y capuchas que funcionan como un techo móvil para protegerse de la lluvia sin necesidad de buscar un refugio.

De acuerdo con información del Gobierno de Puebla y del INEGI, en 2020 alrededor del 0.3 por ciento de la población del estado no contaba con una vivienda. De ese total, 11 mil 60 eran hombres y 4 mil 883 mujeres.
Al considerar que es común encontrar personas en situación de vulnerabilidad y que uno de los requisitos de titulación de la universidad era desarrollar un proyecto dirigido a comunidades vulnerables, Carmelo partió de la idea de que el diseño debe ser humano, "por y para los demás". Considera que toda persona tiene derecho a un espacio personal, un lugar para trabajar y espacios recreativos.
Al tener las personas en situación de calle únicamente el espacio público para desarrollar su vida cotidiana, Pérez García decidió crear una respuesta a la arquitectura hostil, la cual, desde su perspectiva, limita ese derecho humano a habitar un lugar.

El proyecto Daffodil transformó significativamente la visión de Carmelo Pérez. En entrevista comentó que, en el futuro, le gustaría desarrollar una segunda parte de esta línea de ropa.
Mientras tanto, afina la última etapa de su proyecto de titulación, en la que diseña prendas para personas con epilepsia con el objetivo de crear ropa que contribuya a disminuir el estrés y sea más inclusiva.
A pesar del reconocimiento obtenido, Carmelo Pérez considera que aún desea seguir preparándose y aprendiendo antes de emprender una vez que concluya sus estudios universitarios.
Aunque de Daffodil solo elaboró un prototipo físico, Pérez García pudo ponerlo a prueba bajo la lluvia y comprobar que cumplía con el objetivo para el que fue diseñado, una experiencia que, aseguró, le dejó una profunda satisfacción.
