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PUEBLA, Pue., 30 de junio de 2026.- El entubamiento del río San Francisco, realizado hace 61 años para dar paso al bulevar Héroes del 5 de Mayo, transformó un sistema natural de desfogue en un "caos artificial" que hoy agrava las inundaciones en la capital poblana, advirtieron especialistas de la Universidad Iberoamericana Puebla, tras las lluvias del pasado domingo que dejaron una persona fallecida, múltiples vialidades anegadas y pérdidas económicas para decenas de comercios.
El maestro Jerónimo Chavarría Hernández, académico e investigador del Instituto de Medio Ambiente de la IBERO Puebla, explicó que el antiguo cauce permitía que el agua circulara sin restricciones, mientras que el entubamiento impuso una capacidad limitada para desalojar los grandes volúmenes de lluvia que actualmente se registran.
"Es como querer echar un litro de licuado a través de un popote y que todo pase al mismo tiempo", ejemplificó el investigador al señalar que la infraestructura hidráulica ya no responde a las condiciones climáticas actuales.
El especialista explicó que el problema no radica únicamente en la cantidad de lluvia, sino en la intensidad con la que cae. Durante la tormenta del 28 de junio se registraron 75 milímetros de precipitación, una cantidad catalogada por el Servicio Meteorológico Nacional como lluvia intensa a extraordinaria, concentrada en un corto periodo de tiempo, situación que rebasa la capacidad del drenaje construido hace varias décadas.
A ello se suma que el sistema pluvial fue diseñado para una ciudad mucho más pequeña y con una menor superficie urbanizada, por lo que actualmente resulta insuficiente para atender el crecimiento de Puebla y el incremento de fenómenos meteorológicos extremos derivados del cambio climático.
La doctora Angélica Pérez Ramos, académica investigadora del Departamento de Arte, Diseño y Arquitectura de la IBERO Puebla, coincidió en que las inundaciones no pueden atribuirse únicamente a las lluvias. Explicó que también influyen la antigüedad de la infraestructura hidráulica, la acumulación de basura que obstruye alcantarillas y bocas de tormenta, así como la pérdida de áreas verdes y superficies de absorción natural debido a la expansión urbana.
La investigadora recordó que aún existen tramos del drenaje del Centro Histórico con varias décadas de antigüedad e incluso vestigios de infraestructura del siglo XIX, lo que dificulta la conducción del agua durante tormentas intensas.
Ante este panorama, ambos especialistas coincidieron en que la solución no pasa únicamente por el desazolve de alcantarillas después de cada tormenta, sino por un plan integral de modernización de la infraestructura hidráulica que contemple la renovación del drenaje, el incremento de áreas de infiltración y una mejor planeación urbana.
También hicieron un llamado a fortalecer la cultura de prevención entre autoridades y ciudadanía mediante el manejo adecuado de residuos, el mantenimiento de coladeras, el uso de sistemas de captación de agua de lluvia y el seguimiento permanente de los pronósticos meteorológicos.
Las recomendaciones cobran relevancia porque, de acuerdo con especialistas del Centro Universitario para la Prevención de Desastres Regionales (Cupreder) de la BUAP, las lluvias continuarán durante julio por el paso de ondas tropicales, mientras que agosto y septiembre podrían registrar precipitaciones aún más intensas.
Chavarría Hernández advirtió que este tipo de eventos extremos serán cada vez más frecuentes, por lo que Puebla debe prepararse para escenarios climáticos más severos mediante inversiones de largo plazo que permitan adaptar la ciudad a una nueva realidad hidrometeorológica.





