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PUEBLA, Pue., 4 de octubre de 2025.- El ulama o juego de pelota mesoamericana sobrevive en la Zona Arqueológica de Cantona, uno de los sitios en donde se han descubierto más canchas: 27. De igual forma, en este lugar se tiene el registro de la cancha más pequeña que se haya encontrado, la cual mide 13 metros de largo por 2.1 metros de ancho.
Este sábado 4 de octubre se enfrentaron en una exhibición las asociaciones de Atlixco, Chignahuapan y Veracruz, todas ellas afiliadas en una Federación, que promueve este deporte, el cual está resguardo por Sinaloa.
Joel González Mote, representante de la Asociación del Juego de Pelota de Puebla y vicepresidente técnico de la Asociación Mexicana Deportiva de Ulama y Cadera, que congrega a varios estados encabezados por Sinaloa, que es donde se resguarda este deporte; Jalisco, Guanajuato, Querétaro, Ciudad de México, Estado de México, Veracruz, Quintana Roo, Chiapas y Puebla, explicó los pormenores de la exhibición.
"El ulama es sucesor del ollamalistli, el juego de cadera antiguo, prehispánico. Generalmente no se realiza previamente un ritual (antes del juego). En Sinaloa es su deporte favorito, como lo es en el centro del país el futbol y en diversas fiestas celebran con el ulama", mencionó.
"Por ser una actividad ancestral y estar vinculada a nuestra cultura, lo relacionamos con el tema de la danza. Lo que hacemos primero es purificar el espacio, retumbar los caracoles hacia los distintos rumbos para recibir un permiso para que podamos pisar como jugadores esta cancha, que simboliza parte de la cosmogonía, en este caso los jugadores representan los planetas y la pelota está representando al Sol. El juego de pelota representa el movimiento del universo", añadió.
Alan Rodríguez Solís, jugador del municipio de Chignahuapan, dio a conocer que este deporte actualmente permite la participación de mujeres. "Obviamente, la pelota es menos pesada, peso aproximadamente dos kilos".
Respecto al atuendo mencionó que consta de una maxtla o taparabo, "que rodea la cadera, pasa por debajo de las piernas y se amarra para que apriete justamente la zona de la cadera. Después sigue un pedazo de cuero, que se conoce como bota, que es un semicírculo, que va a cubrir el lado de la cadera donde se le va a pegar (a la pelota de caucho). Va encima del maxtla y cubre el hueso, la cadera y parte de la pierna".
Agregó que después va un faja de tela y, por último, se coloca un pedazo de cuero justamente donde se impacta la pelota. "Para tener mayor protección y no lastimarse".
Este es el atuendo que portó Julio César González Galindo, también integrante del equipo de Chignahuapan y quien es uno de los más jóvenes en esta agrupación.
Alan Rodríguez, quien tiene casi tres años en la practica del juego de pelota, contó que inició porque vive cerca de donde entrenan y desarrollan los juegos.
"Me acerqué, le pregunté al profesor Joel González y me preguntó sino quería jugar y me animé".
Detalló que son de cinco a siete los integrantes de los equipos contendientes, quienes se enfrentan en el juego tradicional a ocho rayas.
"Es como en el volibol, un jugador le pega y del otro lado le tiene que responder del otro y así se va, cada puntuación es una raya. Cuando un jugador no golpea o se sale de la raya es cuando se cuenta el punto o la raya al otro equipo. Es un poco complicada la marcación porque se van restando y sumando los puntos (...) nunca hay empates, un equipo puede llevar dos puntos y en una mala jugada los puede perder".
Resaltó que por la técnica y calidad de los jugadores no existe un tiempo determinado para el desarrollo del juego. "En un juego de exhibición se puede pactar a 15 minutos".
Marcó que cada jugador debe de definir de que lado le pegará con la cadera y solo de ese costado deberá hacerlo.
"Sólo está permitido pegarle con el hueso de la cadera y un poco arriba de la pierna y hasta unos tres o cuatro dedos arriba de la rodilla (...) si la pelota pega o roza otra zona se pierde el punto".
Por lo que respecta a la cancha, dijo que mide 4 metros de ancho por 51 de largo dividas en dos zonas partidas por una línea en la mitad. "Cada equipo tiene una zona de la cancha".
Aunque aclara que hay otras versiones que permite el golpeo con los antebrazos.
En el Popol Vuh se narra que los gemelos Hunahpu y Xbalanqué derrotan a los dioses del inframundo después de competir en la cancha del juego de pelota y luego ascienden al cielo como Sol y Luna, respectivamente.
En ese mismo libro se cuenta que el mundo fue creado a partir de un juego de pelota, uno donde la luz y la oscuridad se enfrentaron para equilibrar vida y muerte, y poner al universo en movimiento.
A fin de recrear este choque de fuerzas tan opuestas como complementarias, hace tres mil 500 años los pueblos mesoamericanos comenzaron a practicar el juego de pelota con las nalgas ullamalitztli (“juego del hule”, voz náhuatl que, castellanizada, se transformó en ulama), un encuentro donde dos equipos rivales golpeaban con las caderas un esférico de olli/hule que debía mantenerse siempre en el aire, tal y como hacen el Sol y la Luna.
En el siglo XVI, el cronista fray Diego Durán ya advertía la fuerte carga cosmogónica del ulama, y por ello lo consignó en su Historia de las Indias de Nueva España e islas de tierra firme: “En aquel conjuro que a la pelota hacía invocaba a los cerros, las aguas y fuentes… el Sol, la Luna, y las estrellas, y finalmente todas las cosas creadas”
Cabe mencionar que Cristóbal Colón regresó de su segundo viaje por las américas con un esférico de hule, material desconocido en España, que causó sorpresa ya que ahí se jugaba con las llamadas pelotas de viento, que en realidad eran una vejiga de cerdo inflada con aire y recubierta de cuero.
Escribía el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo en su Historia general de las Indias: “Estas pelotas saltan más que las de viento sin comparación, porque de sólo soltarla de la mano en tierra suben mucho más. Y dan un salto y otro y otro y otro y muchos, disminuyendo en el saltar por sí mismas como las pelotas de viento, pero muchísimo mejor”.
Que una esfera tuviera tal potencial cinético provocó asombro y sospecha por partes iguales. “Sabemos que Hernán Cortés era un gran entusiasta, tanto que en 1529 se llevó a un grupo de jugadores para que hicieran una gira de exhibición por España e Italia, mientras aquí había evangelizadores que veían como antinatural el que una bola de caucho rebotara como si tuviese vida propia, y argumentaban que dicho fenómeno era obra del diablo, por lo que el juego de pelota terminó por prohibirse en el virreinato”, comentó la profesora Emilie Carreón en una entrevista publicada en la Gaceta de la UNAM.
EL JUEGO DE PELOTA
El juego de pelota mesoamericano (en náhuatl: tlachtli u ollamalistli, en maya clásico: pitz) fue un deporte con connotaciones rituales y bélicas, jugado desde el año 1400 a. C. por los pueblos precolombinos de Mesoamérica; se practicaba tanto en la vida cotidiana como en celebraciones religiosas. Durante los milenios de su existencia, el deporte ha conocido distintas versiones en diferentes lugares. Aparentemente cumplía la función de resolver conflictos de diversa naturaleza: pleitos por tierras, tributo, controles comerciales y otros.
Alrededor de 1400 a. C. en Mesoamérica se enfrentaban equipos conformados por siete participantes, todos ellos del género masculino.
Las reglas del juego de pelota, si acaso las había explícitamente, no se conocen. A juzgar por su descendiente, ulama, eran probablemente similares al deporte del raquetbol, donde el objetivo es mantener la bola en juego (algunos historiadores poco fiables hablan del uso de una cabeza), si se llegaba a caer la pelota era una mala señal ya que para muchos historiadores la pelota era un símbolo que hacía alusión al Sol.
Los aros de piedra son una adición tardía al juego. Esta adición cambió el juego por completo, ya que se podía conseguir una victoria inmediata metiendo la pelota en el aro, o se podían conseguir puntos simplemente si la pelota tocaba el aro.
La pelota de hule en movimiento representaba las trayectorias de los astros sagrados: Sol, Luna y Venus. El ganador del juego era protegido y apoyado por los dioses.
No se trataba de solo un juego: era un ritual religioso que simbolizaba el que Huitzilopochtli vencía a su hermana la Luna para dar lugar al amanecer.
En la zona de Monte Albán, el juego se desarrollaba a nivel del piso de la cancha, se golpeaba la pelota con la cadera, codos y rodillas para hacer pasar la pelota de un lado a otro. Los muros inclinados a los lados de la cancha se cubrían con una gruesa mezcla de cal para crear una superficie que hiciera regresar la pelota al campo de juego. Generalmente las canchas se encontraban en un nivel más bajo que el resto de las ciudades ya que era una representación del inframundo.
En la versión más difundida del juego, los jugadores golpeaban la pelota con las caderas, codos y rodillas del lado derecho del cuerpo. Otras versiones permitían el uso de los antebrazos, raquetas, o la manopla (piedra de mano). La pelota estaba hecha de caucho y pesaba hasta cuatro kilos, aunque el tamaño de la pelota difería mucho en el tiempo o según la versión del juego, así mismo qué rango de jugadores eran.
El juego tenía importantes aspectos rituales y los principales partidos formales del juego de pelota eran eventos rituales. El deporte se jugaba también de manera informal, para la recreación de los niños e incluso de las mujeres.
Campos del juego de pelota fueron encontrados en toda Mesoamérica, hasta el sur de Nicaragua, y posiblemente tan al norte como el actual Arizona en los Estados Unidos.
Estos campos de juego de pelota varían considerablemente en tamaño, pero todos tienen largas pistas estrechas con paredes laterales utilizadas para rebotar la bola.
CANTONA, LA CIUDAD ARQUEOLÓGICA
A unos 93 kilómetros al noreste de la ciudad de Puebla, se encuentra la Zona Arqueológica de Cantona, en el municipio de Tepeyahualco, en el estado de Puebla. Hace tres décadas, abrió al público.
Está constituida por 25 hectáreas, de las cuales sólo se encuentran abiertas casi el dos por ciento de la máxima extensión que tuvo esta ciudad prehispánica.
Su Acrópolis y sus terrazas de carácter habitacional y agrícola ofrecen un acercamiento al complejo urbanismo que alcanzó entre los años 600 y 800 d.C.
Esta urbe fortificada se asentó en mil 453 hectáreas y controló la ruta comercial entre el Altiplano y el golfo de México hacia los periodos Clásico Medio y Posclásico Temprano (600-900 d.C.).
En el sitio localizado en el kilómetro 7.5 de la carretera Tepeyahualco-Xonacatlán, municipio de Tepeyahualco de Hidalgo., existen 54 unidades habitacionales populares, nueve unidades habitacionales de la elite y una mixta (de elite y cívico-religiosa) en las terrazas intermedias y la parte baja del asentamiento, así como 32 conjuntos arquitectónicos en la parte alta, donde se localiza el centro cívico-religioso principal de la ciudad o Acrópolis.
El arqueólogo Ángel García Cook, a quien se debe su estudio y conservación, resaltó en su momento que Cantona está asentada en un malpaís o campo de lava, por lo que es única en su género con respecto a sus unidades habitacionales y vías de circulación interna. Toda la población, salvo los altos dignatarios, vivió en unidades habitacionales cerradas por muros periféricos y/o delimitadas por accidentes topográficos, adaptados con muros de contención para tal fin.




