19S: Peligran edificios emblemáticos por el paso del tiempo
PUEBLA, Pue., 22 de septiembre de 2025.- Durante 73 años, el mercado La Victoria operó en el corazón del Centro Histórico de la ciudad de Puebla, aunque su primera piedra se colocó en 1854 y la culminación del inmueble que lo albergó fue hasta 1914. Un año antes, se llevó a cabo la inauguración oficial, el 5 de mayo de 1913.
Aunque este centro de abasto tuvo su origen en la Plaza Mayor, como lo indica Yadira García Linares en su tesis profesional para obtener el grado de Licenciado en Historia en el Colegio de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras de la BUAP Espacios públicos y transformaciones en la ciudad: El Mercado de La Victoria en Puebla 1913-1986.
En su investigación indica que desde la fundación de la ciudad de Puebla el mercado se realizaba en la Plaza Mayor –lo que hoy conocemos como el zócalo-, a la manera del tianguis indígena, en días y lugares determinados.

Durante los siglos XVI y XVII el ayuntamiento regulaba el mercado con diversas disposiciones y ordenanzas; pero la ciudad creció y el mercado sobrepasó el ámbito de la Plaza Mayor, causando graves problemas de acumulación de basura y obstrucción para realizar fiestas y ceremonias religiosas, civiles y militares.
Por tal motivo, el Cabildo se vio en la necesidad de buscar otros lugares para instalar a los comerciantes, que por la falta de espacios se establecían en las calles, en las esquinas céntricas y en los portales.
Ante esta situación el gobierno optó por alejar el mercado de la Plaza principal repartiéndolo en las plazuelas como: San Agustín, Santa Inés, los Sapos y San José, entre otras.
Según el historiador Enrique Cordero y Torres para instalar el nuevo mercado se encontró magnifico, el terreno de la huerta del Convento de Santo Domingo. Al principio el ayuntamiento pagaba renta por ese espacio. Pero, posteriormente, fue cedido por los religiosos.
En el mes de octubre de 1854, se colocó la primera piedra y se le denominó mercado central, porque se localizaba en el centro de la ciudad, siendo presidente municipal Baltazar Furlong y gobernador Francisco Pérez.
Cordero y Torres argumenta que la huerta abarcaba dos cuadras por la calle 3 norte y las avenidas 4 y 6 poniente, en las que había algunas casas unidas por una barda; y lo mismo ocurría por las avenidas 4 y 8 poniente. La manzana se cerraba con la calle 5 de mayo y avenida 4 poniente, donde estaba el templo.

En estas dos manzanas había casas particulares que interrumpían la fachada, dos en la primera y tres en la segunda, que en los años 1912 y 1913 compraría el ayuntamiento.
Cordero y Torres nos dice que en un principio el mercado comprendía una serie de plataformas de ladrillos y de lajas en los pasillos que se formaban entre una y otra de éstas, con postes de fierro en número de seis en cada fracción y armazones de varillas que sostenían los techos de láminas acanalados de dos aguas.
Este autor narra que dos años después de haberse construido el mercado se abrió un callejón en medio del terreno, es decir, en la 6 oriente; para lo cual se derribó la capilla del Capítulo.

En 1856 por efecto de la Ley Lerdo, conocida como la Ley de Desamortización de los bienes del clero, (en Puebla: Decreto de intervención de los Bienes Eclesiásticos de la Diócesis de Puebla), los bienes eclesiásticos fueron declarados propiedad de la nación y se quiso obligar a los religiosos, en 1959, para que aportaran una contribución de un millón de pesos, misma que se negaron a dar; en consecuencia, las autoridades derribaron la parte del convento situada al norte de la iglesia, y abrieron un callejón que, más tarde, atravesó el mercado de oriente a poniente.
Este callejón quedó totalmente abierto al servicio del mercado el 3 de agosto de 1861 construyéndose del lado de la calle 3 norte (frente a la antigua calle de los Gallos), un pórtico de cantería que recibió el nombre de: Portillo de la Reforma en conmemoración de la Guerra de Reforma.
Tanto Yadira García como Cordero y Torres mencionan que existen varias versiones de cómo se le denominó La Victoria.
Enrique Cordero menciona que se le designó La Victoria en 1861 para recordar la expedición de las Leyes de Reforma en 1859 por el gobierno nacional de Juárez, otra versión argumenta que se le denominó así, por el triunfo obtenido en ese entonces por Antonio López de Santa Anna, en 1829 en Tampico, sobre el español Isidro Barradas.
Mientras que la historiadora indica que tras la culminación del inmueble como ahora se conoce en 1914, durante el gobierno del presidente Porfirio Díaz, se determinó conservar su nombre original de Mercado La Victoria, aunque el ayuntamiento también lo nombra entonces como Guadalupe Victoria, en honor del primer presidente de México.

García Linares en su investigación se centra en la última etapa del Porfiriato, ya que para ella esta reconstrucción representa para la historia de Puebla “un gran esfuerzo por parte del ayuntamiento, ya que se construye durante el periodo revolucionario y, por lo tanto, significa un gran avance en la tecnología y en la arquitectura”.
Menciona que en 1902 ocurre un incendio en el mercado pero no se especifica el motivo, solo se mencionan las barracas de madera en virtud de que son un peligro y tenían que destruirse para evitar otro siniestro. Es por ello que considera que se lleva a cabo una reconstrucción del inmueble.
En este mismo año se convoca a postores para el remate de las accesorias y tiendas del mercado la Victoria y Nuevo Mercado.
En 1907, el ayuntamiento presidido por Francisco de Velasco hace la promoción de edificar un nuevo edificio en el mercado de esta manera se empiezan a estudiar los proyectos para la reconstrucción de dicho edificio.
En 1909, el ayuntamiento establece contratos con diferentes compañías como la de Tranvías, Luz y Fuerza de Puebla, S. A., para el establecimiento de estaciones receptoras y de líneas transmisoras y distribuidoras de energía eléctrica dentro de los límites del municipio. Uno de los objetivos es que atendieran el mercado ya que carecía de alumbrado eléctrico.
Esta compañía, previa solicitud de permiso, establecería una subestación en el mercado detrás del quiosco que ocupa el frente de la calle del Estanco de Mujeres (hoy 6 oriente y 5 de mayo). Quedando obligada a suministrar 20 lámparas incandescentes de 16 bujías para el inmueble durante el tiempo que la subestación permanezca establecida.
Ese mismo año, el 17 de diciembre, el ayuntamiento y la Compañía Bancaria de Fomento y Bienes Raíces, S. A., firman el contrato para la reconstrucción del nuevo mercado, bajo la proyección y dirección del arquitecto español Julio Saracíbar.
Sin embargo, el cronista e historiador poblano conocido en redes sociales como El Barón Rojo asegura que Saracíbar tuvo que regresar a la madre patria en 1909 y muere sin dejar a nadie a cargo de la obra.
“Entonces la administración contrata a Guillermo Tamariz Oropeza para hacerse cargo de la dirección de la obra, quien la ejecutó tan perfectamente, que el nombre de Saracíbar pasa al olvido”, dice.
En 1910, el 8 de septiembre, como parte de los festejos del Centenario, el gobernador José Mucio Martínez puso la primera piedra de lo que sería el segundo edificio del mercado y en enero de 1911 queda desalojado definitivamente el centro de abasto, acomodando a los comerciantes en las calles adyacentes.
Al inicio de esta edificación, las vecindades que poseían los dominicos y que arrendaban para habitación fueron demolidas.
En 1912, la Compañía Bancaria subcontrató a la Compañía Constructora de Ferrocarriles, S. A., encargándole la fabricación de la estructura de hierro, y para los pasajes encristalados contrató a la Compañía Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey.
El 5 de mayo de 1913, a causa de la Revolución, el gobernador del estado, Juan B. Carrasco, inauguró el mercado sin terminar, porque aún faltaba la armadura de hierro del pasaje principal y una de las torres. La obra culminó hasta el año siguiente.
Por esta crisis el ayuntamiento se hizo cargo de los pagos, en diciembre de 1913, y la Compañía Bancaria entró en liquidación rescindiendo su contrato el 11 de septiembre de 1914.
Un año después, el 16 de septiembre de 1915, se inaugura la nueva torre del portillo de la antigua calle de Arista, actual 4 poniente, por el gobernador y Comandante Militar Luis G. Cervantes y siendo presidente municipal Ernesto I. Corona.
La construcción ocupó una superficie de 17 mil 670 metros cuadrados con nueve accesos; tres de estos por la avenida 3 norte, tres por la calle 8 poniente, dos por la avenida 4 poniente y una por la calle 5 de mayo. Aunque la entrada principal era por la calle 3 norte.

Al mercado lo cruzaban de norte a sur, dos callejones; el de Motolinía y el de Coloso; y de Oriente a Poniente, el llamado La Reforma.
El mercado tenía en su construcción perimetral, 130 accesorias, 68 externas y 62 internas. En la planta alta 53 locales destinados para habitación; 323 locales para bodegas, 12 para despachos de profesionistas, un local para la oficina de abasto y un gabinete de bacteriología.
En la parte interna había 290 locales para expendio de diferentes mercancías, 17 puestos para semillas y mil 350 metros lineales de plataforma de cemento para la venta de hortalizas.
La parte del atrio de la iglesia de Santo Domingo, ubicada en la 4 poniente esquina con 5 de mayo, donde se establecieron algunos comercios y el área destinada para la venta de semillas, fueron clausuradas en 1927, ya que el gobernador Donato Bravo Izquierdo vendió el predio al español Eladio Martínez Pando, quien a su vez, lo vendió a los hermanos Abelardo y Basilio Sánchez Gutiérrez, que construyeron locales comerciales en esa área.
Para 1970 el señor Abelardo Sánchez había proyectado construir en este predio un edificio de 10 pisos. Las obras se iniciaron a mediados de ese año. Utilizándose maquinaria pesada para la excavación. Estos trabajos afectaron la estructura de la Capilla del Rosario, por ello la Secretaría del Patrimonio Nacional detuvo las obras.
Yadira García en su tesis publicada en 2003 menciona que en la calle 6 poniente en su fachada se localiza la torre más alta de la construcción e incluye un reloj suizo de tres campanas enmarcado con una talla en piedra blanca de cantera con escudos de la ciudad e imágenes de los dioses Hércules, en representación de los doce trabajos, y Mercurio, en representación del comercio, ambas esculpidas por el artista Jesús Corro Soriano.
“Este reloj fue importado a México por la entonces afamada joyería La Esmeralda. Las alegorías en relieve del comercio y trabajo son obras maestras del artista Antonio González ejecutadas por el gran escultor y maestro Jesús Corro”.
Agrega: “Ahí se encontraban instalados en los años treinta puestos de vendedores de pan de cemita, puestos de pan, queso y aguacate ocupando la entrada; y metiéndose a mano izquierda estaban las cocinas, puestos de ropa y rebozos, la administración y la guardería. En el portillo uno, del lado de la calle 4 poniente, habían puestos semifijos de ropa y de telas; en el portillo dos, se localizaban accesorias que funcionaban como pescaderías y marisquerías, pollerías, carnicerías, abarrotes y jarcia”.
En su investigación marca que existía en 1931 un Dormitorio Publico propiedad del ayuntamiento localizado en la planta alta del mercado a un lado de la calle 4 poniente. “Este sitio llegó a contar con 80 camas aproximadamente”.
Asimismo, anota que en la planta alta y la azotea se encontraban un jardín de niños y una guardería, así como oficinas particulares, un taller de ropa, áreas que funcionaban como bodegas, oficinas de locatarios y algunos puestos de legumbres.
También da a conocer que este mercado contaba con la estación de radio AXA Audio Victoria, que tenía la función de propaganda para los locatarios del mercado.
Por su parte, Socorro Santín Nieto, en su Tesis de Antropología Social, El impacto de la desconcentración comercial de las políticas de reordenamiento urbano en la vida cotidiana de los habitantes del centro de la ciudad de Puebla en 1986, publicada en 1998, informa que el martes 21 de octubre de 1986 se desocupó La Victoria.
Describe que el alcalde Amado Camarillo Sánchez, el secretario General, Germán Méndez Silva; y el asesor jurídico, Jorge Jiménez Alonso; confirmaron el 20 de octubre, al mediodía, la salida voluntaria de los primeros 2 mil vendedores de la Unión de Locatarios, Comerciantes en Pequeño y Ambulantes de la Victoria, con lo cual se inició la desocupación del mercado.
Apunta en su investigación que el 5 de junio de 1992, el Quincuagésimo Congreso Constitucional del Estado Libre y Soberano de Puebla decretó la autorización al Ayuntamiento del Municipio de Puebla a ceder en un comodato el inmueble a la Fundación Amparo.
Precisa que el contrato cedió una superficie de 17 mil 116 metros cuadrados a excepción de los 100 locales comerciales que se encuentran en la planta baja del inmueble y que dan al frente de las calles perimetrales 3 norte, 4 y 8 poniente.
Anota que el acuerdo fue que la fundación se encargaría del mantenimiento del inmueble y de su funcionamiento como un centro comercial y artesanal. Después de ocho años de abandono, finalmente en 1994 fue rescatado por la fundación y actualmente funciona como un centro comercial.





