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PUEBLA, Pue., 16 de diciembre de 2025.- Realizar una posada para unas 10 personas en Puebla durante 2025 implica un gasto promedio que va de los 9 mil a los 10 mil pesos, de acuerdo con estimaciones de consumo y compras típicas de la temporada decembrina.
Algunos de los elementos básicos de las posadas navideñas son las bebidas, botanas, piñatas y decoración, aunque el costo final puede variar dependiendo de si se incluye alcohol, intercambio de regalos o si los alimentos se compran preparados.
Opciones tradicionales como tamales o pozole permiten reducir el gasto, mientras que contratar servicio de catering o adquirir productos en supermercados eleva considerablemente el presupuesto. Aun así, las posadas continúan siendo una de las celebraciones más frecuentes entre las familias poblanas.
De acuerdo con el Gobierno de México, los elementos clásicos de una posada incluyen antojitos, buñuelos, ponche, velas, aguinaldos con dulces o frutas y la tradicional piñata. En una encuesta realizada por Quadratín Puebla a jóvenes poblanos, los asistentes señalaron como básicos los dulceros, la piñata, la ensalada de manzana, cacahuates, ponche e incluso alitas.
Las principales razones para asistir a una posada, según las y los encuestados, son la convivencia, la comida y el sentido de reunión.
“Porque, aunque sean tiempos difíciles hay abundancia, reuniones, convivencia y colores”, y “porque nos reúnen”, fueron algunas de las respuestas recabadas.
Las posadas comienzan formalmente este 16 de diciembre de 2025 y, además de su valor cultural, representan una importante derrama económica a nivel nacional, estimada en al menos 560 mil 800 millones de pesos.
Una tradición que mezcla rituales prehispánicos y fe cristiana
Aunque hoy las posadas se asocian con fiesta, música y convivencia, su origen es resultado de una mezcla entre tradiciones prehispánicas y la evangelización durante el periodo colonial. Así lo explicó el maestro Alfredo Cruz Colín, jefe de Talleres Artísticos de la IBERO Puebla.
En un comunicado se informó que uno de los primeros registros se ubica en el convento agustino de Acolman, cerca de Teotihuacan, donde en el siglo XVI un fraile identificó que los pueblos originarios realizaban rituales nueve días antes del solsticio de invierno, vinculados al ciclo agrícola y al fortalecimiento del sol, asociado a la deidad Huitzilopochtli.
Al encontrar similitudes simbólicas con el nacimiento de Jesús, se solicitó autorización papal para integrar ambas celebraciones. Así surgió el novenario del 16 al 24 de diciembre, que también representa los nueve meses de embarazo de la Virgen María y la búsqueda de posada de José y María.
Durante el virreinato, las celebraciones se realizaban en los atrios de las iglesias mediante procesiones y letanías. Con el tiempo se incorporaron las frutas, los dulces, los aguinaldos y la piñata, que en México adquirió un simbolismo religioso con su forma de estrella de siete picos, asociada a los pecados capitales.
Aunque el sentido religioso se mantiene en muchos hogares, actualmente las posadas se viven sobre todo como un espacio de encuentro. Para el académico, este carácter comunitario es el que mantiene viva la tradición: reunirse, convivir y fortalecer lazos en una de las épocas más significativas del año.