La escuela frente al celular
La comparecencia del vicealmirante Francisco Sánchez González ante el Congreso de Puebla dejó algo poco común en la liturgia política: una admisión sin rodeos… o algo parecido.
El secretario de Seguridad del Estado de Puebla dijo que la entidad enfrenta un problema grave de delincuencia organizada. Sin adjetivos de consuelo ni gráficas tranquilizadoras. Solo el diagnóstico.
En tiempos donde la seguridad suele narrarse con supuestos avances y contenciones, el mensaje sonó a un sincericidio. No porque el problema no fuera conocido, sino porque pocas veces se reconoce desde la tribuna oficial con esa crudeza.
El secretario no habló de percepciones, habló de realidad: grupos criminales que usan redes sociales para sembrar miedo y policías municipales rebasadas por el poder de fuego del crimen.
La pregunta inevitable es si esa franqueza es el punto de partida para una estrategia seria o un deslinde elegante de responsabilidades. Porque admitir el tamaño del incendio no equivale, necesariamente, a apagarlo.
Y menos cuando la coordinación entre niveles de gobierno sigue siendo un terreno frágil, lleno de discursos correctosy resultados desiguales.
El otro eje de su comparecencia fue aún más incómodo: la limpieza interna. En 2025, 148 policías estatales fueron sancionados. Hubo despidos, suspensiones y la detención de siete elementos municipales de la capital por presuntos vínculos criminales.
El mensaje es claro: el problema no solo está afuera, también es una costra interna en las corporaciones.
Aquí el reto es mayor. Construir una policía confiable mientras se combate la corrupción desde sus entrañas es una carrera cuesta arriba.
La apuesta por sumar mil nuevos elementos en 2026 y profesionalizarlos bajo un esquema universitario suena correcta, pero insuficiente si el “cáncer” sigue activo en las filas que ya portan uniforme y arma.
La honestidad del vicealmirante rompe con la simulación, pero también eleva la exigencia. Reconocer la crisis obliga a ofrecer algo más que diagnósticos severos.
Puebla no necesita funcionarios que describan el problema con precisión quirúrgica, sino instituciones que demuestren, en la calle, que no están rebasadas. Porque en seguridad, decir la verdad es apenas el primer paso. Lo demás se mide en resultados.