Derrotas republicanas no beneficiarán a México
PUEBLA, Pue., 5 de mayo de 2026.- En la conmemoración del 164 aniversario de la Batalla de Puebla, el gobernador Alejandro Armenta Mier convirtió el acto histórico en un posicionamiento político contra la intervención extranjera y las voces internas que, dijo, buscan resolver los problemas del país desde el exterior.
Durante su mensaje, Armenta evocó la victoria del 5 de mayo de 1862 como un símbolo vigente de resistencia nacional.
“Aquí se defendió la República, la soberanía y la dignidad nacional”, afirmó, al subrayar que esa lección histórica cobra relevancia en el contexto actual, donde advirtió persisten posturas que promueven injerencias externas.
El mandatario fue enfático al rechazar cualquier forma de subordinación: “México no es colonia, México no es protectorado y México no acepta intervenciones”, sostuvo, al tiempo que criticó a quienes celebran presiones extranjeras o buscan que decisiones internas se tomen fuera del país.
A su juicio, estas posturas responden a la falta de respaldo popular y representan una amenaza a la autodeterminación nacional.
Armenta insistió en que la soberanía reside exclusivamente en el pueblo y en sus instituciones, en apego a lo establecido por la Constitución, y advirtió que ninguna potencia extranjera puede dictar el rumbo político de México.
En ese sentido, vinculó las luchas del siglo XIX con el presente, al recordar que la historia nacional está marcada tanto por invasiones externas como por “traiciones internas” de sectores que apostaron por la intervención.
El discurso también incorporó una reivindicación de los pueblos indígenas, en particular de los zacapoaxtlas, a quienes reconoció como protagonistas en la defensa del país durante la Batalla de Puebla.
Destacó su papel no solo como fuerza militar, sino como símbolo de autonomía y resistencia, al compararlos con comunidades que, durante la Conquista, se refugiaron en las montañas para preservar su derecho a organizarse libremente.
Con ello, el gobernador planteó que la defensa de la soberanía no solo es un principio político, sino una herencia histórica sostenida por los pueblos originarios y por las mayorías que han resistido intentos de dominación.
Su mensaje cerró con una advertencia implícita: quienes hoy apuestan por la injerencia extranjera, como en el pasado, están destinados al fracaso.