Columna Descomplicado/Jorge Robledo
“La política es un imperativo ético; no un asunto de ambición personal.”
— Andrés Manuel López Obrador.
En Puebla pareciera que las campañas electorales comenzaron mucho antes de que la ley lo permita. Basta recorrer la ciudad para encontrar bardas pintadas, lonas, pendones y propaganda con nombres e imágenes de diversos funcionarios y figuras políticas. Los colores son familiares. Los mensajes también. La única palabra que falta es: "vota".
La estrategia no es nueva. Ya no hace falta pedir el sufragio de manera explícita. Basta con repetir un nombre una y otra vez hasta convertirlo en parte del paisaje urbano. El objetivo es claro: lograr que, cuando llegue el momento de las candidaturas, el ciudadano ya conozca al personaje.
Entre los nombres que más aparecen en este tipo de promoción destacan Laura Artemisa García Chávez, con el clásico "Sí" y una palomita; Gabriela "La Bonita" Sánchez, promocionándose como "campeona mundial"; Rafael Moreno Valle Buitrón, promocionando su figura como cantante al lado de logos del Gobierno del Estado de Puebla; Celina Peña, afirmando ser una científica; José Luis García Parra, promocionándose en revistas, espectaculares y hasta en peluches, entre otros actores vinculados a Morena.
Aunque la legalidad de cada caso concreto corresponde determinarla a las autoridades electorales, resulta inevitable preguntarse si esta forma de posicionamiento respeta el espíritu de la legislación electoral.
Basta con salir a la calle para ver todo tapizado por estos personajes; si aman Puebla, ¿por qué no la respetan?
La Constitución, la jurisprudencia del Tribunal Electoral y el Código de Instituciones y Procesos Electorales del Estado de Puebla existen precisamente para garantizar la equidad en la competencia política.
La ley prohíbe los actos anticipados de campaña y también establece restricciones sobre la colocación de propaganda electoral en equipamiento urbano, como puentes, postes y otros bienes públicos.
Asimismo, el artículo 134 constitucional prohíbe la promoción personalizada de los servidores públicos mediante recursos públicos.
Entonces surge otra pregunta sencilla: si la ley busca evitar ventajas anticipadas, ¿qué diferencia existe entre pedir el voto y llenar la ciudad con el nombre de quien aspira a ocupar un cargo?
La respuesta no puede ser que basta con omitir las palabras “vota por mí”. El propio Tribunal Electoral ha desarrollado el criterio de los llamados “equivalentes funcionales”, mediante el cual se analiza si un mensaje, aunque no solicite expresamente el voto, tiene como propósito posicionar electoralmente a una persona.
Más preocupante aún es el uso del espacio público. Cuando bardas, puentes o mobiliario urbano terminan convertidos en escaparates políticos, la ciudad deja de pertenecer a los ciudadanos para convertirse en una enorme cartelera de promoción personal.
Morena llegó al poder prometiendo hacer política de manera distinta. Criticó durante años el despilfarro en propaganda, la promoción personalizada y las campañas adelantadas que caracterizaron a otros gobiernos. Hoy, muchos ciudadanos observan prácticas que recuerdan precisamente aquello que el propio partido decía combatir.
Pues claro, muchos de ellos estaban en otros partidos cuando Morena impulsaba esas críticas y defendía esas reglas.
La democracia no solo consiste en votar; también exige que todos los aspirantes compitan bajo las mismas reglas y en los mismos tiempos. Cuando algunos comienzan a construir su imagen pública meses o incluso años antes del proceso electoral, la cancha deja de estar pareja.
Corresponde al Instituto Electoral del Estado de Puebla y, en su caso, a los tribunales, determinar si alguna de estas conductas constituye una infracción. Pero corresponde a la ciudadanía hacer otra pregunta: ¿es éticamente aceptable que la política invada nuevamente los espacios públicos mucho antes de que inicie una campaña?
¿Dónde está la oposición?
La ley establece tiempos. Respetarlos no debería ser una opción; debería ser la primera muestra de compromiso democrático.
Si aman Puebla, deben dejar de hacer trampa.




