Nada Personal
“La verdadera democracia requiere un ciudadano activo, no sumiso.” – Anónimo
Imaginemos que existe un monstruo grande y fuerte. Tiene boca, pero no tiene oídos; tiene ojos, pero padece cataratas. Es fácilmente irritable y se encapricha cuando quiere algo.
Tiene un hermano gemelo que nació un poco antes. Su función es regularlo, ponerle un alto a su carácter y a sus caprichos. El detalle es que ese hermano se percibe más débil y está dominado por el temor.
Ambos mantienen una relación peculiar: el monstruo con cataratas domina a su hermano y lo obliga a decir lo que conviene.
El hermano mayor tiene múltiples personalidades y muchas veces no logra ponerse de acuerdo. Sin embargo, la personalidad que prevalece es la que se subyuga.
Hay un tercer monstruo. Quizá el más poderoso de todos. Pero fue amarrado y ahora vive en el sótano.
Tú estás ahí, frente al monstruo con cataratas, mirando cómo decide por ti lo que supuestamente es mejor para ti.
La misión es lograr que esos monstruos trabajen para tu bienestar, como debería ser.
¿Cómo lo lograrás?
El Gobierno del Estado ha tomado la decisión de construir el Cablebús, a pesar de que expertos señalan que no tiene mucho sentido implementarlo en Puebla, una ciudad predominantemente plana. Tristemente, donde podría ser de gran utilidad —en la Junta Auxiliar de La Resurrección, por su geografía montañosa— no se contempla ese medio de transporte.
El Gobierno del Estado ha decidido quitar parte de tus espacios públicos, como parques y camellones, para colocar ahí sus estaciones.
Ha decidido talar por lo menos 989 árboles para instalar estructuras metálicas.
Ha decidido que, si quieres naturaleza, debes viajar hasta Flor del Bosque.
Ha decidido… ha decidido por ti.
El monstruo que tiene boca, pero no oye; el monstruo que tiene ojos, pero ve a pedazos, decidió por ti.
Su hermano mayor, el Congreso, fragmentado y en su mayoría servil, no cuestiona las acciones de su “camarada”. Debería detenerlo, pero no lo hará.
Parece que todo está perdido. Pero cuando tienes al monstruo frente a ti, descubres que no estás solo. Sobre tu hombro hay millones de personas como tú: pequeñas individualmente, pero inmensas en conjunto.
Están ocupadas con sus trabajos, actividades y responsabilidades. Sin embargo, cuando inicias conversaciones, encuentras a quienes piensan que el monstruo no debería talar árboles, ni violentar reporteros, ni censurar en redes sociales. Y entonces comienza un movimiento donde tú y los tuyos manifiestan su inconformidad ante el monstruo de visión limitada.
El monstruo se resiste. Miente. Su hermano mayor lo solapa y lo apoya descaradamente. Olvida que su deber es ser contrapeso.
Tienes 60 años, y siempre ha sido la misma historia. A veces el monstruo es más violento; otras, menos sádico. Pero en todas las etapas, siempre tiene cataratas.
El tercer monstruo nunca ha sido del todo confiable. Muchos le reclaman. Quizá por eso nadie intervino cuando fue sometido. Ese monstruo es el Poder Judicial.
Después de hablar con tus hermanos, sales a marchar:
“Salvemos el Parque Juárez”,
“No al ecocidio”,
“Salvemos el Parque Ecológico”.
Se escuchan reclamos de ciudadanos que denuncian las malas decisiones del monstruo.
El monstruo se burla. No muestra intención de frenar sus proyectos. Pero esto es solo el inicio.
Cada vez más personas comprenden que, unidas, pueden salvar vidas. Y continúan gritando.
La participación ciudadana es la única forma de detener al monstruo.
¿Le entras?
Participa. Habla. Involúcrate.
Si estás inconforme con la manera en que te gobiernan, alza la voz. Tu participación cuenta.
Eres la única persona que puede salvar árboles, mejorar tu movilidad, fortalecer tu seguridad y elevar tu calidad de vida.
Eres el presente.
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