Nada Personal
Los Therians han roto las redes sociales en los últimos días con un número infinito de videos e imágenes que muestran cómo un humano se asume de manera psicológica, espiritual y sensorial como un animal sin hacer (por ahora) transformaciones físicas a su cuerpo. La aparición de estas subculturas puede parecer asunto de moda pero tiene implicaciones políticas y sociológicas importantes.
La democracia debe ser vista más allá de una forma de gobierno donde el pueblo elige cómo y por quién quiere ser gobernado porque ésta visión limita la participación ciudadana únicamente al voto para elegir representantes. La democracia moderna es pluralidad y conflicto, es el reconocimiento político de las minorías pero sobre todo, el ejercicio diario de valores democráticos como la igualdad, la justicia, la participación, la legalidad, las libertades de asociación y expresión, el respeto, la inclusión y la tolerancia. Todos esos valores se ponen a prueba en nuestro país con la aparición de las subculturas.
Cada persona es libre de buscar una identidad y asociarse con quienes tenga afinidad pero ¿qué implicaciones colectivas tiene que una persona se asuma como Therian? Mostrarse al mundo implica romper con lo tradicional y ser observado y señalado ya que, nuestra democracia está acostumbrada a respetar la diversidad de raza, religión y preferencia sexual pero el movimiento Therian introduce la variable especie, ¿son los Therians otra especie? Por ahora no, pero de consolidarse en un futuro, seguramente estarán peleando una nueva clasificación.
Hasta ahora este movimiento ha sido fuertemente criticado y blanco de burlas, entonces si no somos capaces de tolerarlo, no somos verdaderamente pluralistas sino tolerantes selectivos.
La libertad de expresión que tienen los Therians pone a prueba la capacidad democrática del Estado no para proteger a la mayoría tradicional sino para proteger a las minorías mas incomprendidas y rechazadas.
Esto representa una prueba no solo para la tolerancia e inclusión social sino para las instituciones. Esta minoría, como las otras en la historia, exigirá sus derechos y comenzaremos a tener nuevamente el debate sobre qué sanitarios deben usar, la vestimenta, las escuelas, los espacios públicos, servicios de salud, registro civil, etc.
El INE tendrá que aprobar que los Therians puedan sacar su credencial para votar con su identidad de especie y no de persona, la Comisión de los Derechos Humanos tendrá que proteger derechos específicos de esa minoría y los empleadores no podrán discriminar por especie.
Una democracia resiliente no los expulsa; expande sus paredes para incluirlos. Si el sistema sobrevive y se adapta a identidades tan radicales, se vuelve más fuerte, no más débil.
La salud de nuestra democracia no se mide por qué tan parecidos somos todos, sino por su capacidad de estirarse sin romperse ante lo inesperado. Si el sistema puede albergar a quien se identifica con el rugido de la naturaleza y aun así invitarlo a la mesa de la civilización, habremos demostrado que nuestra libertad es verdaderamente resiliente.
Si la democracia es realmente el sistema de la libertad, su mayor prueba de resiliencia no es cómo nos integra a todos en una masa uniforme, sino cómo protege a quien decide habitar los márgenes de lo humano. Al final, el voto de un lobo pesa lo mismo que el de un cordero; la verdadera pregunta es si nuestra civilización es lo suficientemente madura para aceptar que, en la urna, todas las naturalezas son iguales.
X: @desastropolitik




