Nada Personal
El próximo jueves 10 de septiembre arranca oficialmente el proceso electoral 2026-2027 con la sesión en el Consejo General del Instituto Nacional Electoral (INE). Un acto con mucha importancia en la vida democrática de nuestro país tiende a no ser el foco de la sociedad cotidiana (fuera del ámbito político). Esto se da por dos razones: la primera tiende al poco interés de la ciudadanía de un proceso donde solamente le es requerida su participación hasta el mes de junio cuando acude a las urnas para emitir su voto. La segunda razón tiene que ver con el hecho de que estamos ante el inicio de una “elección intermedia”; y al no tratarse de la presidencia de la república ni de la gubernatura del Estado (en el caso de Puebla) no tiene el mismo foco mediático que se tuvo hace tres años.
Las fuerzas políticas todavía no definen sus estrategias, alianzas ni representantes (formalmente hablando) para encarar un proceso relativamente corto pero dos posturas se pueden concretar desde antes de iniciar. Por un lado, el denominado oficialismo tiene la ardua labor de mantener (o inclusive aumentar) su presencia en el Congreso de la Unión, las legislaturas estatales y los municipios en Puebla; tarea que resultará titánica dado que la tendencia de dichas elecciones intermedias son más un castigo a los malos gobiernos.
Del otro lado, las oposiciones tienen el deber de crear una plataforma que la ciudadanía inconforme pueda votar en lugar de decidir ni siquiera acudir a las urnas el primer domingo de junio del próximo año. Sea cuales sean las alianzas o grupos que se conformen en contra de la denominada 4T y aliados tienen la tarea de aumentar su presencia en todos los puestos de elección popular que se disputarán o corren el riesgo de permanecer inactivos en las decisiones mayores.
En la misma idea, los nuevos partidos tendrán en el proceso del próximo año su primera gran prueba para determinar si tienen el suficiente apoyo para sobrevivir por sus propios méritos y sen considerados como una opción para las fuerzas políticas rumbo a la elección de 2030. Mientras esto termina de tomar forma, los políticos y figuras públicas todavía seguirán haciendo méritos, formando alianzas y organizando sus equipos para las precandidaturas y posteriormente aparecer en las boletas.
El caso de Puebla resulta ser particular, ya que los partidos políticos locales deben negociar con las fuerzas nacionales para refrendar las alianzas de 2024 o establecer nuevas: todas con el propósito de conservar el registro dado que menor porcentaje de votación que en elección presidencial significa mayor valor de cada voto emitido.
Puebla 27 surge como un espacio para dar a conocer algunas ideas sobre las elecciones de nuestro Estado sin tantos tecnicismos ni intenciones de inclinarse a cierto partido, fuerza política o figura influyente para aquellos entusiastas del derecho electoral pero también para las personas que no son tan afines al juego político poblano. Independientemente de la decisión que cada uno tome sobre si es de su interés adentrarse al mundo de las elecciones, aquí seguiremos para dar una perspectiva y siempre solicitar a toda la ciudadanía que vote.




