Nada Personal
Doppelmayr gana, Puebla pierde
Ocho manifestaciones masivas en contra del Cablebús, diversas encuestas ciudadanas, un ejercicio universitario que refleja el rechazo al proyecto, protestas virtuales mediante firmas en Change.org, expresiones artísticas y múltiples voces de inconformidad. Aun así, el proyecto sigue en pie.
Y eso ocurre pese a que ya se ha reconocido que el Cablebús tendrá una vocación principalmente turística y que no resolverá el problema de movilidad de la capital poblana. Su impacto beneficiará apenas a una fracción de la población, mientras sus costos y consecuencias serán asumidos por todos.
En esta octava movilización multitudinaria, el mensaje dejó de centrarse únicamente en el sistema de transporte por cable. La inconformidad ahora apunta directamente al gobierno estatal, que presume ser de “puertas abiertas”, pero cuyos oídos parecen permanecer cerrados. Las reuniones sostenidas con ciudadanos y especialistas para conocer el verdadero impacto ambiental del proyecto han generado más dudas que certezas. Primero se habló de una afectación superior a 900 árboles; después la cifra bajó a 700; finalmente se aseguró que serían menos de 100 ejemplares.
Pero la discusión ya no gira únicamente en torno a los árboles o las áreas verdes. Tampoco se limita a cuestionar la necesidad de un Cablebús. Hoy la exigencia principal es que el gobierno escuche realmente a la ciudadanía y atienda las prioridades de la capital.
Mientras tanto, la empresa austriaca Doppelmayr, encargada del proyecto, continúa expandiendo su presencia en México. La compañía factura anualmente alrededor de mil 197 millones de euros y ha participado en la construcción de sistemas de transporte por cable en Ciudad de México, Michoacán y Chihuahua. Puebla es su siguiente apuesta.
Sin embargo, la experiencia en otras entidades demuestra que estos sistemas no son precisamente económicos. Tan sólo en la Ciudad de México, durante 2024, se destinaron alrededor de 100 millones de pesos para el mantenimiento de dos líneas de Cablebús. En Puebla, el propio gobierno estatal ya adelantó que el costo de mantenimiento alcanzará al menos 105 millones de pesos durante el primer año de operación.
Y el mantenimiento no es un asunto menor. El pasado 27 de mayo, una falla eléctrica provocó la suspensión de varias cabinas de la Línea 3 del Cablebús de Ciudad de México durante casi una hora, dejando a usuarios suspendidos en el aire mientras se resolvía la contingencia.
Según reportes de medios capitalinos, durante 2024 las Líneas 1 y 2 acumularon 23 interrupciones del servicio, equivalentes a más de 20 horas de suspensión. Algunas fallas estuvieron relacionadas con tormentas eléctricas y condiciones climáticas adversas.
Los números también muestran que el impacto de este tipo de proyectos suele ser limitado. En Uruapan, Michoacán, donde opera un sistema construido por Doppelmayr, apenas el 5 por ciento de la población utiliza el transporte por cable, aunque moviliza diariamente a unas 22 mil personas.
En la Ciudad de México, las tres líneas del Cablebús transportan alrededor de 120 mil pasajeros al día. Aunque la cifra parece considerable, representa apenas cerca del 3 por ciento de los viajes diarios realizados en transporte público.
Si en una de las ciudades más grandes y pobladas del continente el Cablebús tiene un alcance relativamente reducido dentro del universo de usuarios del transporte público, resulta válido preguntarse cuál será su impacto real en Puebla.
Lo que sí parece claro es que se trata de una obra costosa, con elevados gastos de operación y mantenimiento, cuya capacidad para transformar la movilidad urbana está lejos de ser concluyente. También es evidente que, en caso de fallas técnicas, los usuarios quedarán sujetos a interrupciones que podrían prolongarse durante minutos o incluso horas.
Sin consenso ciudadano, con cuestionamientos ambientales aún sin resolver y con una campaña de promoción que termina convertida en montones de folletos y propaganda abandonados en las calles, el Cablebús continúa avanzando.
Quizá la frase más contundente de la última manifestación no estuvo dirigida al gobierno poblano, sino a la empresa responsable del proyecto: “you are not welcome”.




