Nada Personal
El veintisiete y veintiocho de mayo de dos mil veintiséis, la ya legendaria e influyente banda de Nu Metal, Armenio-Americana System of a Down, que alcanzó prominencia en la primera mitad de la década de los 2000, regresó a México, con dos conciertos en el Estadio GNP Seguros en la Ciudad de México.
Estas fechas fueron apenas la cuarta visita de los armenios a tierras aztecas [muy pocas si se considera que su carrera se ha extendido por aproximadamente treinta años], pues la primera vez que se presentaron fue el veintiocho de septiembre de dos mil once, en el Palacio de los Deportes, la segunda el seis de octubre de dos mil quince, también en dicho recinto, y la tercera el siete de octubre de dos mil dieciocho, como parte del lineup del force fest en Teotihuacán.
Y aunque el último álbum formal fue lanzado en 2005 y llevan prácticamente dos décadas sin sacar música nueva (con excepción de dos singles en 2020) decenas de miles de fans –incluyéndome, pues llevo escuchándolos desde el 2001- se dieron cita en el foro para presenciar el tan esperado regreso.
Viaje en un tour desde la ciudad de Puebla, acompañado de dos amigos, Joaquín (Fucer) y Jessica. Llegamos con bastante tiempo de anticipación y nos quedamos esperando a que se abrieran los accesos para la zona de gradas, conversando, paseando por puestos de mercancía y comiendo unas burrunacas de butifarra de cerdo, que como lunch, Joaquín tuvo el detalle de preparar y llevar.
Una vez dentro, esperamos en el área común de las gradas donde existen barras de bebidas y puestos de comida que iniciara el concierto.
Ya en las gradas, en el momento que empezaron a sonar las primeras notas de guitarra de “Soldier Side – Intro” supe que sería una experiencia para recordar. Tengo la hipótesis de que el pasar de los años afina, a veces, la capacidad de apreciación artística y la sensibilidad, a lo que si se le suma el hecho de que es mi banda favorita desde los 10 años, da como resultado una experiencia catártica.
El tono de guitarra era grueso y muy saturado, las canciones fueron ejecutadas perfectamente y la energía de los fans estaba fuera de gráfica. Canciones como “Needles”, “Suggestions” y el solo de “Psycho” me causaron una explosión de sensaciones, hiperventilación, lágrimas y un embelesamiento general.
La canción “Forest” cuya letra a Joaquín le recuerda a su hijo Ferrán, merece también ser destacada.
Sin olvidar los mosh pits durante “Toxicity” o “Sugar” pues el público en la zona general dimanaba una energía y una euforia que pocas veces había visto (había humo y bengalas por todos lados), al grado de que se hicieron comentarios y memes sobre si era guerra o concierto.
System of a Down es activismo puro. Llevan décadas utilizando su música para exigir el reconocimiento del Genocidio Armenio, ocurrido durante la primera guerra mundial.
Además, muchas de sus letras son un ataque frontal contra la guerra, el imperialismo, el capitalismo y la brutalidad policial.
Resuenan tanto en México y Latinoamérica porque denuncian la represión, las fallas del sistema político y económico y la corrupción que son heridas familiares en nuestra región.
Una banda sin fecha de caducidad porque sus canciones no han dejado de ser necesarias ni relevantes. Música escrita a principios de los dos miles para acontecimientos bélicos de esa época, como el conflicto en Irak tiene un mensaje que sigue vigente y se adapta a los hechos y los desafortunados casos de guerra actuales como Palestina, Ucrania e Irán.




