Picotazo Político: MORENA
La Inteligencia Artificial ya creó proteínas, enzimas y ahora 16 diferentes tipos de virus que no existían. Este último descubrimiento, difundido en el sitio de investigación Science, tenía el objetivo de combatir bacterias peligrosas que ya no responden a los medicamentos habituales. Supuestamente, estos virus son bacteriófagos que sólo infectan bacterias como la E. coli y no representan peligro para los humanos.
El fin es bueno, pero uno no puede evitar preocuparse, pues en las manos equivocadas se pueden crear pandemias.
En Notas de una excluida hablamos el pasado 23 de junio de que una IA fue capaz de describir cómo generar un arma biológica.
La pregunta es obligada: ¿cuál será el límite de la IA? O, mejor dicho, ¿cuándo vamos a decidir parar?
Se podría decir que el límite es la imaginación y los conocimientos adquiridos por la humanidad desde su existencia, almacenados en el mundo de Internet.
Descubrimientos tan importantes deberían estar con acceso gratuito para que el periodista pobre y cualquier estudiante con interés en ciencia puedan enterarse de los avances de la ciencia. El artículo fue viralizado por un artículo del New York Times e igualmente se requiere suscripción.
Nos queda a los aficionados de la ciencia leer el resumen como si nos asomáramos desde la ventana de un edificio y viéramos cómo una pareja se pelea en la calle. Sabemos lo que pasa, pero desconocemos los detalles. Nos queda juzgar por lo poco que observamos.
Es posible que haya más avances de la IA en la biología sintética, pero están extraviados en las plataformas de investigación, esperando que algún curioso con el dinero suficiente pueda leer el contenido y divulgarlo.
¿Qué podemos hacer? Nada, sólo observar y escuchar. La ciencia no es neutra, siempre hay un objetivo que se rige bajo los intereses de quien puede financiarla. El investigador incluso investiga lo que investiga porque hay una motivación detrás: una pasión desbordada, un trauma, un anhelo por mejorar o, a veces, simplemente el dinero.
Los códigos de ética deben modificarse para poner límites a la IA. Existen propuestas, pero la IA debe ser supervisada no sólo por científicos, sino también por el Estado y, por qué no, especialistas en ética. Tal cual lo explica el artículo “La convergencia de la IA y la biología sintética: el diluvio que se avecina”, publicado el 1 de julio de 2025 en Biomedical Innovations:
“...Equilibrar estas tensiones inherentes a la convergencia entre la IA y la biología sintética requiere la colaboración y la gobernanza de múltiples partes interesadas. Científicos, especialistas en ética, legisladores y otros expertos deben trabajar de forma estrecha y transparente para garantizar que las tecnologías avancen de manera responsable, al tiempo que se fomenta la capacidad de adaptación a los avances y las posibles sorpresas en diversos países del ámbito de la modernización biotecnológica. Si un proceso de diseño, un protocolo de prueba o una estrategia de implementación se lleva a cabo de forma cada vez más distribuida y automatizada, ¿qué instrumentos de gobernanza o protocolos regulatorios actuales podrían resultar insuficientes para evaluar el riesgo? Integrar la supervisión en los procesos altamente automatizados podría actuar como salvaguarda para fundamentar la evaluación de riesgos, la regulación y las políticas, al igual que el desarrollo de normas internacionales no vinculantes y códigos de conducta en relación con las recomendaciones de uso seguro, como la selección y el registro de secuencias de ADN sintetizadas”.