Nada personal
Alimentos contaminados, la pregunta que México no quiere hacerse
La lechuga y el chile jalapeño son dos alimentos que han dejado de consumirse en Estados Unidos porque se cree que están infectados de ciclosporiasis y salmonela, respectivamente.
Ambos productos se producían en México y se exportaban a Estados Unidos. La salmonela en los chiles jalapeños producidos en Sinaloa provocó que dejaran de exportarse, y la ciclosporiasis en la lechuga mexicana aún no se ha comprobado científicamente, pero la coincidencia con el consumo de esta en la mayoría de la población infectada es grande.
También se detectó salmonela en huevos producidos en Estados Unidos, y el aguacate traído desde Michoacán hasta las mesas gringas dejó de consumirse debido a la inseguridad por el narcotráfico en el estado. Mientras los estadounidenses dejan de comer lechuga, jalapeños, huevo y aguacate, la pregunta que debemos hacernos los mexicanos es si realmente nuestros alimentos están ya contaminados por ser regados, en su mayoría, con agua sucia.
En Puebla, se sabe que varios cultivos se riegan con aguas de la presa de Valsequillo, la cual acumula el agua de ríos altamente contaminados como el Atoyac y el Alseseca. Pero, aunque consumimos alimentos regados con aguas negras, no tenemos altos casos de ciclosporiasis, pero sí de amebiasis e infecciones intestinales, de acuerdo con el último boletín epidemiológico de la Secretaría de Salud.
Las enfermedades intestinales están a la orden del día en México y en Estados Unidos. Solo que los mexicanos tenemos más normalizadas las infecciones intestinales. No obstante, las enfermedades estomacales ya no duran unos días, sino hasta un mes.
Y aunque no se ha registrado qué está provocando tantas infecciones en Estados Unidos, ya hay más de 25 mil casos de ciclosporiasis distribuidos en 15 estados, un parásito que puede vivir en el medio ambiente hasta por dos semanas y se encuentra en agua contaminada con heces. Respecto a salmonela, en el país vecino se reportan 345 casos.
En México, de acuerdo con la Secretaría de Salud Pública, se han confirmado 33 casos de ciclosporiasis al 31 de julio y, de salmonelosis, más de 12 mil casos en la semana del 19 al 25 de julio.
El problema, entonces, no debería reducirse a lavar mejor una lechuga, desinfectar un chile o lavarnos las manos, sino a preguntarnos qué hay detrás de los alimentos que llegan todos los días a nuestras mesas y bajo qué condiciones fueron producidos.
Si el agua contaminada sigue utilizándose para regar cultivos y las autoridades no pueden garantizar la calidad del agua y de los suelos, las infecciones intestinales podrían ser solo la consecuencia visible de un problema mucho más profundo.
Mientras en Estados Unidos se investiga el origen de miles de contagios, en México hemos aprendido a convivir con las enfermedades estomacales como si fueran parte de la vida cotidiana. Quizá esa normalización sea precisamente lo más preocupante: que nos hayamos acostumbrado a enfermarnos sin preguntarnos por qué.




