Notas para un lector improbable
Algunos funcionarios públicos se empeñan en dejar en mal a la administración estatal a la que sirven, o se empeñan en desprestigiar la función pública, como ocurrió con el director de museos.
Ahora aparece en este escenario el director de Desarrollo Estratégico del Issstep, Antonio Hernández y Genis, al protagonizar un verdadero conflicto de intereses.
Es increíble la capacidad de poner en duda la confianza y la imparcialidad de instancias donde se dirimen controversias por denuncias documentadas de arbitrariedades.
Hernández y Genis fue denunciado por un trabajador del Issstep por presuntas conductas relacionadas con violencia laboral, abuso de autoridad y maltrato.
Este tipo de conductas atribuidas a mandos en la administración pública son analizadas por un Comité de Ética para conocer los detalles de las quejas o denuncias sobre el comportamiento de algún funcionario, pero resulta que Hernández y Genis es miembro de ese Comité de Ética, y no se excusó para no intervenir.
Obvio se trata de un conflicto de intereses, pero como es un marinista de pedigrí, al funcionario le anda valiendo veinte el código de ética, la moral y el profesionalismo, y no se disculpó para no intervenir.
Las acusaciones deberán investigarse y, por supuesto, el funcionario denunciado conserva intacto su derecho a la presunción de inocencia, pero no puede ser juez y parte.
¿Cómo puede garantizarse la imparcialidad en un Comité de Ética cuando uno de los integrantes, un vocal, es precisamente quien enfrenta la denuncia?, es la pregunta que parece ociosa ante la prepotencia y la arrogancia del priismo que regresó a sus fueros bajo las siglas de Morena.
La legislación administrativa mexicana no sólo exige actuar con honestidad, los obliga a evitar cualquier situación que genere un conflicto de interés o la apariencia de parcialidad.
La situación adquiere una dimensión mayor porque quienes integran el Comité mantienen una relación cotidiana de trabajo con el director de Desarrollo Estratégico del Issstep.
Antonio Hernández y Genis puede pasarse por el arco del triunfo al Comité de Ética del Issstep, pero la denuncia en su contra habría sido también presentada ante el Órgano Interno de Control, la Comisión de Derechos Humanos del Estado y la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno.
Eso significa que el asunto ya dejó de ser un problema interno y se convirtió en una prueba para todo el sistema de control gubernamental, que igual por su trayectoria como cachorro de la revolución mexicana del PRI, en Morena basta con ponerse el chaleco guinda para ser purificado.
El titular del Ejecutivo estatal, desde el inicio de su administración, reiteró el combate a la corrupción, cero tolerancia a los abusos y la dignificación del servicio público.
Este caso del flamante director de Desarrollo Estratégico del Issstep representa una oportunidad para demostrar que esos principios no distinguen jerarquías ni amistades ni compromisos partidistas.
El verdadero problema nunca ha sido que exista una denuncia, en cualquier institución pública pueden presentarse conflictos laborales y señalamientos, pero el problema comienza cuando quienes deben investigar parecen demasiado cercanos a quien debe ser investigado.
Si el expediente de la denuncia contra el funcionario de la burocracia dorada termina archivado, retrasado o resuelto sin una investigación convincente, el mensaje será demoledor.
Los códigos de ética sirven para los empleados de abajo, mientras los de arriba siguen protegidos por la vieja cultura del compadrazgo… y eso que dice no son iguales a los gobiernos del pasado, y justo, entre los del pasado está Hernández y Genis, que retornó a la nómina con el chaleco de Morena.




