Notas para un lector improbable
Empezando por Andrés Manuel López Obrador, quienes emprendieron el movimiento de la autollamada Cuarta Transformación se vendieron como unos santos, a diferencia de los demonios de los gobiernos del PAN PRI de quienes se desmarcaron de todo lo malo.
Los ciudadanos no tenían por que no creerles a los promotores del partido de la esperanza y del movimiento obradorista, para extirpar la corrupción, cualquiera que fuera su expresión.
Vendieron la imagen de hombres y mujeres íntegros, a diferencia de los corruptos priistas y panistas, al extremo de colocar la imagen del líder y fundador del partido y movimiento, como un santo impoluto, comparado con Jesucristo el redentor, con tal capacidad de purificar y sanar a pecadores del viejo régimen que se aliaron a su causa.
Era tal la imagen que vendieron de la fuerza moral de AMLO y lo incuestionable o incorruptible que era, a tal grado que no podía nadie ponerlo en duda o cuestionarlo.
Fue tal la pureza que vendieron a los mexicanos, que era incuestionable cómo un hombre como López Obrador podía vivir y gastar en efectivo.
Se trata de dinero que recolectaban sus hermanos y colaboradores “para la causa”, como lo justificó la misma Beatriz Gutiérrez Müller, al invocar las aportaciones de Leona Vicario para causa insurgente.
Nadie puede cuestionar ni dudar de alguna relación extramatrimonial de López Obrador, de la vida íntima en la casa de campaña instalada en el Paseo de la Reforma, y sus “escapadas” como jefe de gobierno de la Ciudad de México.
Era un atrevimiento sugerir cuidar las malas compañías de sus jóvenes hijos con el empresario tabasqueño Jorge Amílcar Olán Aparicio, quien se convirtió en el empresario favorito del gobierno de López Obrador, gracias a la amistad con Andy López Beltrán.
Al pasar de los años de gobierno del régimen de la 4T, se empieza a desmoronar esa imagen impoluta, incorruptible de Andrés Manuel y del obradorismo, con todo y lo endiosado que lo tienen sus seguidores que sobre reaccionaron a una insinuación de presunta homosexualidad.
Se empezó a caer esa imagen impoluta, incorruptible y sagrada del obradorismo con casos de corrupción como el robo de miles de millones de pesos de Segalmex por una banda de forajidos provenientes del PRI, protegidos por López Obrador.
Además de los sobreprecios de las obras, las asignaciones directas a sus amigos, el escandaloso atraco con el huachicol fiscal y la cohabitación con el crimen organizado (con los carteles de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación), el comportamiento personal de los obradoristas desdibuja esa imagen ejemplar de los obradoristas.
Cayó la fuerza moral de los seguidores de AMLO con las imágenes en movimiento de Lenia Batres, insultando a sus vecinos, de esa calidad es la ministra del acordeón en la Suprema Corte.
Si Gerardo Fernández Noroña defiende su derecho a dejar de ser pobre y vivir en la opulencia con capacidad de compra de una casa de más de 13 mdp y vivir como jeque, ya cualquiera en Morena y en la 4T hacen lo propios en los estados y municipios: la corrupción y los privilegios, de los que acusan a los opositores.
En este contexto, nadie en Morena gobierno 4T se alteraría con personajes violentadores de mujeres como el caso del exdirector de Pemex (ojo, Pemex), el tal Víctor Rodríguez.
Qué diferente puede ser el caso de ese tipejo con los morenistas Félix Salgado Macedonio, Cuauhtémoc Blanco Bravo o Saúl Huerta (pedófilo). Pero son más, muchos más.
Estos y otros son la fuerza moral del obradorismo, los Rocha Moya… la fuerza moral de un filete bañado en oro que engulló el hijo del expresidente, como el símbolo de la caída de la pureza, honestidad, honradez, austeridad, integridad…como la de Víctor Rodríguez.




