Nada Personal
Los narcoinfluencers, son un nicho de creadores de contenido mexicanos que cada cierto tiempo son noticia nacional, pero nunca por buenos motivos, sino por sus tristes finales (siendo el caso más reciente el de César Gastelum).
Estos hacen contenido con carga cultural del crimen organizado y en muchos casos publicitario y apologista.
Uno pensaría que el público para este tipo de entretenimiento sería minoritario o marginal; sin embargo, creadores como Markitos Toys o LoncheWey, ambos oriundos de Sinaloa, tienen más suscriptores y vistas que toda la población de ese estado, e incluso, superan en números y rendimiento a creadores de antaño con el doble de tiempo en la plataforma (eso sin contar la audiencia de las demás plataformas como Instagram o TikTok).
¿Por qué son tan exitosos? De plano es lo que le gusta ver al mexicano promedio o hay algo más?
El filósofo italiano Antonio Gramsci llamaba hegemonía cultural, al fenómeno consistente en que el grupo dominante logra que sus valores e ideas se perciban como naturales, deseables y de sentido común para el resto de la sociedad.
Esto es lo que ha hecho el narcotráfico, particularmente en el norte del país, pero en realidad extendiéndose de norte a sur, este y oeste. Ha construido una hegemonía cultural en México. Una aspiración y un símbolo de lo que significa triunfar viniendo desde abajo.
Hoy muchos mexicanos hablan con modismos sinaloenses, escuchan corridos y bandas de Sinaloa, otros aspiran a verse como ellos y copiar su estilo de vida, esto son los buchones y los alucines, afectados por la música, las series y ahora las redes sociales, lugar donde surgen los narcoinfluencers.
Tales figuras implican una dualidad de éxito cultural: El traficante con poder y lujos (pero sin balas y policías) y el influencer viral, con atención, público e ingresos altos de redes sociales (pero sin talento, contactos, tiempo o constancia).
Entonces, ¿ese es el secreto de su éxito? ¿Las aspiraciones identitarias, culturales y valores materialistas de nuestra sociedad? Desde luego que no.
Los narcoinfluencers son la mejor manera de lavar dinero, según reportes de expertos, las organizaciones criminales inflan a cualquier creador de medio pelo con granjas de bots y le inyectan dinero mal habido para que ese ingreso entre como un ingreso limpio proveniente de la actividad digital. Además sirven como activos de publicidad, reclutamiento y publicidad.
Para otros carteles atacar ese recurso es golpear las finanzas de los rivales. Y si empieza a coquetear con los contras, el influencer se vuelve un activo que hay que desechar.
La realidad es que no es glamuroso, ni paradisiaco, como hemos visto, toda vida que se relaciona con el crimen organizado se vuelve efímera, trágica y desgraciada, hasta de esta manera.