Nada Personal
A finales de febrero de dos mil veintiséis, tras el abatimiento de “el Mencho”, un video se volvió viral. Dos jóvenes, aparentemente sicarios, huyendo en el cerro, dicen algo que duele escuchar: Neta no te alucines, así andaba yo hoy. Mira cómo ando: No hay carros, no hay morras, puro miedo por 3.000 pesos, mejor estudia”.
Sin embargo, este video, ya se determinó que fue generado con inteligencia artificial, y que inclusive, en una página de Facebook se publica contenido similar.
No obstante, lo que sí es verdad es que en el lugar donde se escondía “el Mencho” estaba la “narconómina” de su organización.
¿El salario de un sicario de bajo rango? 4 mil pesos a la semana. Hoy quiero hacer una pregunta incómoda: ¿Por qué tantos jóvenes eligen ese camino?
En México, más del 30% de la población vive en pobreza o pobreza extrema. El salario mínimo ronda los 9 mil quinientos pesos mensuales.
Nueve mil pesos. En un país donde: El aspiracionismo es identidad, el éxito se mide en carros, ropa de marca y poder, el respeto se impone por la fuerza y las redes sociales muestran constantemente lujos.
Aquí es donde entra el concepto de violencia sistémica de Slavoj Zizek. Es una violencia que no vemos directamente. No son las balas. No es el enfrentamiento. Es lo estructural.
Es el sistema que limita el acceso a la educación de calidad, encierra en barrios sin oportunidades, normaliza la desigualdad abismal y adoctrina en el consumo y el lujo.
Entonces, cuatro mil pesos a la semana suenan tentadores para alguien que nunca ha tenido estabilidad y calidad de vida. Eso sin contar los reclutamientos forzados.
Pero hagamos cuentas, eso equivale a unos 16 mil pesos mensuales. Ahora comparemos. Un elemento promedio de la Guardia Nacional gana alrededor de 19 mil pesos al mes, no parece mucha diferencia, pero al segundo se añaden: seguro social, acceso a créditos, sistema bancario formal, todo el respaldo que da un trabajo formal.
Pero aquí está el problema, el crimen organizado promete algo más que dinero: estatus inmediato, respeto forzado, sensación de pertenencia, etcétera.
De alguna forma, el video sí sirve para hacer conciencia. Derrumba la fantasía que se ha plantado y germinado en la cabeza de muchos jóvenes. No hay lujo. No es poder, es miedo.
Entonces, ¿Por qué lo eligen? Porque cuando creces viendo que tu padre gana mucho menos de lo que necesita, o en un entorno familiar violento, que tu colonia está olvidada, la movilidad social parece imposible y el éxito está ligado al crimen o al dinero rápido, este no parece irracional. Parece lógico.
Aquí está el punto incómodo. No solo es decisión individual. Es contexto. Pero –y esto es importante- contexto no es destino.
A pesar de la pobreza, de la desigualdad y de la violencia del sistema, la mayoría de jóvenes en México no elige el crimen.
Trabajan, estudian, emprenden, resisten. Esto significa algo enorme; incluso dentro de un sistema tan despiadado, hay elección, valores y dignidad.
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