Picotazo Político: MORENA
El furor y la discusión en el espacio digital respecto al llamado “Tirador de la Atlixcáyotl” ha cobrado bastante relevancia en la consciencia colectiva de los Poblanos en los últimos meses.
Los medios hablan de diez u once ataques confirmados y siete carpetas de investigación relacionadas con los crímenes del “Tirador de la Atlixcáyotl”.
Sin embargo, la historia no comienza aquí, pues se narran tres muertes por aparentes balas pérdidas en la Vía Atlixcáyotl, por lo menos desde dos mil veintidós, que se tomaron como hechos aislados, por lo que, ante los sucesos actuales, no se ha podido evitar especular y preguntarse si todo lo que está ocurriendo está más bien relacionado.
Existen hipótesis de que los disparos se cometen desde un edificio de la zona o inclusive a ras de piso. Se supone que el fin de semana pasado se realizaron diversas diligencias con el fin de rastrear la dirección de origen de los disparos (aunque también se informa que esta movilización tuvo diverso origen y objeto).
Puebla no es el único centro urbano afectado por este fenómeno, pues coetáneamente, en la ciudad de Kansas, Missouri, se da noticia de otro supuesto tirador en serie, a quien se le relaciona con seis tiroteos distintos.
Un factor interesante es que se reporta que las agresiones iniciaron con balines, pero en los últimos ataques comunicados, se utilizaron proyectiles calibre nueve milímetros, lo que habla de un escalamiento en la violencia o la letalidad pretendida.
No obstante lo anterior, otra cuestión que, de igual forma, llama poderosamente la atención es el aumento en la frecuencia de los ataques.
De estar espaciados por semanas e incluso meses, en mayo y junio existió una escalada tremenda, y los últimos sucesos se reportaron el dieciséis y el diecinueve de junio de dos mil veintiséis; es decir, dos agresiones en la misma semana.
No hay mayor amenaza en una sociedad estructurada que alguien que pasa desapercibido pero es capaz de agredir a otros, por el puro placer de hacerlo. Todo el conglomerado social está angustiado. “¿Cuándo volverá a disparar?” este es el terror que causa un criminal de esta índole en la zona en la que opera.
Me permito especular sobre la psicología del posible atacante (sí solo fuera uno). La sensación de poder y control podrían ser los móviles principales, disfrutar de una sensación de superioridad (decidir a quién asustar o agredir, a quién lastimar –o peor- y a quién no).
Esta sensación de poder y omnipotencia también se puede empalmar con la necesidad de reconocimiento y divulgación de su identidad de atacante y depredador social realizada en los medios.
Charles Manson, el criminal norteamericano, alguna vez comentó que se consideraba “la persona más famosa de la historia”.
Así es como algunos criminales experimentan un poder que satisface su narcisimo: Mientras sigan infundiendo temor y aparezcan en los medios y redes sociales, serán alguien importante. Por eso puede ser complicado armonizar el derecho y la obligación de informar con el morbo y la “celebrificación” de estos casos.
Por retorcido que parezca, también podría existir un motivo de diversión u ocio desviado. La persona emprende sus actividades criminales con la misma excitación y deseo de aventura que caracteriza a muchas actividades deportivas como la caza o la escalada.
Sin que se pueda descartar, desde luego, que se trate de más de una persona, o que inclusive ya hayan surgido copycats o criminales imitadores.
Sea como sea, es un caso que se debe resolver apresuradamente, antes de que los disparos al azar dejen de serle suficientes.