Nada Personal
La frase “México no está listo para ser el anfitrión de un mundial” usualmente hace alusión al gobierno, o a la crisis de inseguridad que aqueja a todo el país; sin embargo, las celebraciones por las victorias de México en el mundial evidenciaron que más bien se refiere a la propia sociedad mexicana. Un conglomerado que demostró que no estamos a la altura de las circunstancias, que no sabemos ganar y que tenemos una severa crisis cultural.
Desde cosas tan mundanas como hacer ridículos, caos, bailes, besos, que bien podrían soslayarse, hasta lo peor, esto es, que los festejos dejaron un saldo de 5 o 6 personas fallecidas, lo cual, poco pareció importar.
Y si esto sucedió apenas en octavos de final. ¿Qué hubiera pasado si hubiéramos llegado a cuartos, semifinal o ganado la copa? 10? 20? 50 muertos? ¿Seguiría sin importarnos?
Ahora vale la pena preguntarse, ¿por qué parece que mucha gente aprovecha estas ocasiones para delinquir?, o visto de otra forma, ¿por qué la hay personas que se vuelven violentas en eventos masivos o que hacen cosas que no harían en otras circunstancias?
Esto como cualquier conducta humana, es muy multifactorial.
2. La psicología de los festejos.
Las grandes aglomeraciones humanas generan un estado de estrés y anonimato que reduce la empatía y fomenta la transgresión de normas, especialmente cuando el individuo ve a los demás hacerlo (imitación). En este entorno, mecanismos como la conformidad grupal y la difusión de la responsabilidad disuelven la culpa individual, permitiendo que las personas cedan a la presión e influencia colectiva, y hagan cosas que, en otras circunstancias, quizá no harían.
A este fenómeno se suma el uso estratégico de máscaras o capuchas, elementos que potencian la desinhibición al otorgar una falsa sensación de seguridad colectiva y desconexión emocional. Al ocultar su identidad, los individuos pueden desvincularse de las consecuencias de sus actos.
Estas son algunas de las razones por las cuáles un festejo o un momento de alegría puede volverse tan volátil. En pocas palabras, la dinámica del grupo altera el comportamiento del individuo.
Por otro lado, Octavio Paz, desde 1950 en el Laberinto de la Soledad, identificaba un factor de la psique del mexicano: El mexicano ama la fiesta, pero a veces, las fiestas acaban mal, porque no buscamos solo divertirnos, sino sobrepasarnos, escapar de la realidad, soledad y miseria cotidiana. La fiesta mexicana desdibuja el orden y las normas sociales.
A México le dicen surreal, loco que le gana a la IA, pero dañar mobiliario urbano, propiedad privada y poner en peligro a otros no es ganarle a la IA, es justo lo que Paz menciona, ser una sociedad profundamente infantilizada y acomplejada, a la no le importa, la vida, la muerte, el país ni su gente, que solo quiere sobrepasarse para olvidar un momento su triste realidad.
“Muerte y vida, júbilo y lamento, canto y aullido se alían en nuestros festejos, no para recrearse o reconocerse, sino para entredevorarse. No hay nada más alegre que una fiesta mexicana, pero también no hay nada más triste. La noche de fiesta es también noche de duelo.”