Va la nueva Ley de economía digital en México
Una de las mayores aportaciones de la Cuarta Transformación a la vida pública de México ha sido colocar la dimensión ética en el centro del ejercicio del poder. Durante décadas, el viejo régimen acostumbró a la sociedad a separar la eficacia política de la conducta moral de quienes gobernaban. Parecía suficiente administrar instituciones, ganar elecciones o mantener la estabilidad del sistema, aun cuando el poder se ejerciera desde el abuso, el privilegio o la impunidad.
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La 4ta transformación rompió con esa lógica al reivindicar una premisa profundamente republicana: el poder sólo adquiere legitimidad cuando se ejerce con autoridad moral. No basta con ocupar un cargo; es indispensable honrar la confianza ciudadana mediante una conducta congruente con los principios que se proclaman.
Ese legado ético ha sido asumido por la presidenta Claudia Sheinbaum, quien ha insistido en que el segundo piso de la Cuarta Transformación no puede construirse únicamente con programas sociales, infraestructura o crecimiento económico. Debe edificarse también sobre una nueva cultura del servicio público, donde la honestidad, la igualdad, el respeto a los derechos humanos y la responsabilidad personal constituyan exigencias permanentes.