Territorio y comunidad
A la memoria y el ejemplo de Humberto
Musacchio, un periodista íntegro y generoso
Más que la oposición a su proyecto de reconstrucción del imperio de EU, el presidente Donald Trump enfrentó una corriente electoral adversa a sus estilos atrabancados de ejercicio del poder. Pero como se presentaban las cosas, Trump fue la última posibilidad de rescatar el proyecto imperial de Estados Unidos que se estaba deteriorando desde el interior de la propia sociedad americana.
Trump aclaró los escenarios: la invasión de millones de migrantes ilegales, el auge de los cárteles del narcotráfico dentro de territorio estadounidense, la libre entrada de droga no sólo violando las fronteras de seguridad nacional sino con la complicidad de las autoridades encargadas de combatirla, la desarticulación de cadenas productivas internas con una globalización que desperdigó empresas en todo el mundo y le restó poder económico al imperio, la batalla exitosa de la Casa Blanca para derrotar al populismo latinoamericano y caribeño, el regreso de la doctrina Monroe que es la esencia de EU como imperio y la revalidación del poder de Washington al colocar la dinámica del mundo en función de la american way of life o el confort que mide el éxito del capitalismo fortaleció el modelo hegemónico de EU.
El proyecto de Trump era esencialmente estadounidense, y si se revisan con frialdad las objeciones políticas electorales, el repudio contra fue más bien hacia su personalidad, sus modos y sobre todo sus extravagancias, pero en términos concretos Trump logró regresarle a EU la hegemonía del poder que se perdió con la frivolidad de Clinton, la incapacidad de Bush Jr., las contradicciones morales de Obama y la pasividad de Dormilón Biden.
Trump trabajó para reconstruir la fuerza del imperio desde dentro de Estados Unidos y en función de sus fuerzas sociales desperdigadas, no para seguir prodigando cargos contradictorios de conciencia de actitudes imperiales que aplastaban democracias en otros países y que luego abrían sus puertas a refugiados de esas dictaduras que dependían de los intereses económicos y de modelo productivo estadounidense.
Los mensajes quedaron muy claros en indicios detrás de las votaciones: el voto migrante legal repudió a Trump por su decisión de combatir la inmigración ilegal que había permitido la presencia en Estados Unidos de más o menos siete millones de ilegales fuera del control de la seguridad nacional, también se expresó el voto de los consumidores de droga que padecieron problemas de suministro por el combate a los carteles productores y contrabandistas y se pudieron haber registrado votos de sindicalistas que perdieron sus empleos por la globalización y traslado de fábrica hasta otros países.
El proyecto de Trump que se puso a debate en las elecciones no fue el que la opinión pública liberal como parte de la agenda el electoral, sino el de los intereses de Estados Unidos como imperio dominante. Y ahí está advertencia sobre minorías migrantes incorporadas ya posiciones de poder, pero no para trabajar por Estados Unidos como el imperio mundial sino en función de los intereses de sus propios orígenes raciales: musulmanes en posiciones legislativas y administrativas y ahora gobernadores de origen hispano en Texas y California, dos de los territorios robados a México en la guerra de 1848 y en donde avanza el valor racial y cultural de los mexicanos que estarían recuperando ahora políticamente territorio que fue de México.
La victoria del voto migrante hispano en el supermartes pasado se convertirá en un problema de gobernabilidad interna porque tratará de disminuir la deportación de migrantes ilegales, pero con la decisión de la Casa Blanca de no aflojar en ese tema porque se está enfocando desde una perspectiva de seguridad nacional.
El efecto de la victoria de Trump tampoco tendrá consecuencias inmediatas en la correlación de fuerzas políticas latinoamericanas, en donde el activismo del presidente estadounidense logró la derrota de importantes bastiones del populismo y la victoria de corrientes de derecha y ultraderecha. Algunos análisis han adelantado que Estados Unidos aún con el reforzamiento de los demócratas no va a regresar el apoyo a regímenes económicos populistas y estatistas que son contrarios a los intereses comerciales y geopolíticos de Estados Unidos y porque el conservadurismo es un dique en el contexto de aplicar la Doctrina Monroe a los intentos de Rusia y China por tener una mayor influencia en gobiernos iberoamericanos.
El tema más importante que influyó en el voto hispano fue el ejercicio a veces hasta abusivo de las facultades gubernamentales para perseguir migrantes y extraditarlos, sobre todo porque afectaron unidades de producción que vivían del empleo irregular e ilegal a trabajadores sin papeles legales para elaborar.
En este contexto es en el que algunos analistas señalan que muy pronto sectores estadounidenses que votaron contra los republicanos van a comenzar a extrañar la política trumpista de reconstruir el imperio estadounidense.
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Política para dummies: la política siempre tiene dos lecturas: la buena y la mala o la mala y la peor.
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