Notas para un lector improbable
La explosión de un “coche-bomba” el pasado 30 de agosto en el municipio de Ojocaliente, Zacatecas, frente a las instalaciones de la Policía Municipal, con un saldo de 11 personas lesionadas, 13 vehículos dañados y 40 inmuebles con diversas afectaciones, evidencia que podrán haber disminuido los homicidios dolosos -como se presume en las conferencias mañaneras y en el 2º Informe de Gobierno- pero la violencia sigue igual de rampante como en las más recientes administraciones.
Contrario a los comentarios el líder de los Diputados de Morena en el Congreso, que antes gobernó Zacatecas, en el sentido de que “es normal” que estas cosas sucedan cuando se combate al crimen organizado, los hechos demuestran que no es así y la intención es minimizar lo que sucede en su entidad natal ahora gobernada por uno de sus hermanos, quien por su parte declaró que “no pasa nada”.
Tampoco cambia la realidad si se recurre a los eufemismos para no decirle a las cosas por su nombre, como se acostumbra hacer en la actual administración cuando hay riesgo de que la narrativa salga afectada.
Primero se negó que en México existiera terrorismo, argumentando que para catalogarlo como tal tendría que reunir elementos político-ideológicos o religiosos; ahora a los “coches-bomba” se les denomina “vehículos con explosivos”.
Lo que confirma este tipo de acciones es que el Estado no es capaz de garantizar el control territorial y tampoco la protección a la población. Prueba de ello es que por primera vez resultaron heridas 10 personas ajenas al gobierno -entre ellas 3 menores de edad-, es decir ciudadanos de a pie, por no decir el “pueblo bueno”.
Ni en los tiempos de su villano favorito sucedió algo así, ya que en Ciudad Juárez aquel 25 de julio de 2010 resultaron muertos un Policía Federal, un Policía Municipal y un Paramédico; dos meses más tarde, en la víspera del grito de independencia la misma PF desactivó un “coche-bomba” que de haber explotado hubiera afectado una manzana entera.
A estas alturas del partido y como se nos ha venido repitiendo hasta la saciedad de que las cosas en materia de seguridad van muy bien, que no solo han bajado los homicidios sino todos los delitos de alto impacto en más del 50%, no es posible que dos o más grupos delictivos o cárteles de la droga se disputen el control territorial y luchen por los mercados ilícitos y las autoridades federal, estatal y municipal no sean capaces de poner orden y aplicar la ley, que dicho sea de paso sí contempla al terrorismo como delito, pero hace falta voluntad política para combatirlo.
No dudo que capacidades técnicas y talento humano también lo haya, me consta que los mejores cuadros de la extinta Policía Federal e incluso la Agencia Federal de Investigación hoy están al frente de las instituciones encargadas de brindar seguridad a los mexicanos, quizá lo que hace falta es que las decisiones sean más técnicas que políticas.
Capacidades de detección de actores y grupos que hoy recurren al uso de explosivos existen, atribuciones para llevarlos ante la justicia también, lo que hace falta es quien quiera asumir el costo de aplicarlas porque en esta materia no todo son halagos y de no hacerse algo, los grupos terminarán infiltrando y controlando la actividad económica formal de municipios y estados, como en algunas entidades federativas ya comienza a percibirse. Ejemplo de ello son Sinaloa, Michoacán y eventualmente Jalisco, donde una parte de la economía ya es controlada por los grupos delictivos.
Por fortuna existe una herramienta metodológica conocida como Prospectiva, que permite adelantarse a un hecho y cambiar su rumbo con base en indicios, premisas, patrones y experiencias, y de paso da nombre a esta columna que hoy inicia en este espacio.
En síntesis, que explote un “coche-bomba” en una entidad que es prioritaria para el país en materia de seguridad no debe ser normal, normal sería que el Estado mexicano a través de sus instituciones garantizara que ningún ciudadano sea afectado en su integridad cuando se dirige a disfrutar un día de Feria de la Tuna y de la Uva, como pasó en Ojocaliente, Zacatecas solo porque un grupo delictivo apostó a cobrar algún tipo de venganza y lo logró, sin que nadie pudiera evitarlo.




