Nada personal
Todo partido político enfrenta momentos definitorios que marcan el tránsito entre una etapa histórica y otra. En el caso de Morena, el relevo en su dirección nacional no constituye únicamente un cambio administrativo ni una renovación estatutaria ordinaria; representa la confirmación de un cambio más profundo: el paso definitivo de un movimiento de construcción y expansión política hacia una organización obligada a administrar las complejidades del poder.
Durante sus primeros años, Morena tuvo como prioridad consolidar una estructura territorial capaz de competir electoralmente, cohesionar distintas corrientes ideológicas y articular un proyecto político alternativo al viejo régimen partidista. Esa etapa estuvo marcada por la construcción, la movilización y la definición de identidad.
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