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PUEBLA, Pue., 11 de mayo de 2026.- Bajo los suelos de la Mixteca poblana duerme uno de los minerales más codiciados del siglo XXI: el litio. El llamado “oro blanco”, pieza clave para la fabricación de baterías, autos eléctricos y sistemas de almacenamiento de energía, existe en Puebla. Pero entre la presencia geológica y la explotación industrial hay un abismo de costos, agua, tecnología y conflictos sociales.
Investigaciones recientes del Instituto de Geociencias de la UNAM, dadas a conocer en marzo de 2026, confirmaron anomalías químicas de litio en municipios como Izúcar de Matamoros y Tehuacán. Sin embargo, especialistas advierten que el hallazgo, aunque científicamente relevante, está lejos de traducirse en una industria rentable.
Litio sí hay, pero no deja ganancias
El investigador del Instituto de Geociencias de la UNAM en Juriquilla, Gilles Pierre Levresse, explicó que el principal problema no es encontrar litio, sino extraerlo sin perder dinero.
De acuerdo con el especialista, en Puebla el mineral se encuentra atrapado principalmente en arcillas y formaciones rocosas complejas, a diferencia de otros países donde el litio se obtiene de salmueras, un método mucho más barato y eficiente.
El procesamiento de estas arcillas requiere quemar materiales a más de 700 grados y posteriormente tratarlos con ácidos industriales, lo que implica un enorme consumo de agua, energía y recursos financieros.
“Hay un fenómeno que llamamos dilución, que por la cantidad de roca que se tiene que mover, la concentración total está bajando. Tú puedes tener un nivel que es de muy alta concentración, pero si tienes 10 centímetros que tienen 100 gramos, pero tienes que producir 5 metros en total para poder producirlo, pues ya no son 100 gramos, van a ser 1 o 2 gramos nada más”, apuntó Pierre Levresse.
Actualmente, los costos internacionales vuelven inviable este modelo extractivo. Incluso proyectos emblemáticos como el de Sonora enfrentan retrasos debido a problemas técnicos, políticos y de mercado.
Una inversión de miles de millones
La posibilidad de desarrollar una industria del litio en Puebla requeriría inversiones gigantescas. Según las estimaciones académicas, el desarrollo de infraestructura minera podría costar alrededor de 2 mil millones de dólares durante una década antes de comenzar a recuperar capital.
“Por ejemplo, en Sonora que mencionaba que había bastante reserva. (...) es una respuesta que es difícil de dar porque había que recalcularlo por toneladas de metal, pero la inversión era algo como 2 mil millones de dólares en 10 años antes de poder tener un regreso sobre sobre la inversión. Realmente la inversión es muy grande porque tú tienes que construir la infraestructura, tú tienes que construir la mina, tú tienes que construir la planta, eh, y debes tener las reservas, o sea, la cantidad de litio que vas a extraer suficiente para pagar eso y tener ganancia”, explicó el experto.
Levresse señaló que la minería funciona bajo lógicas distintas a otras industrias.
“No es como una empresa de construcción de coches. Tú no puedes tomar la Volkswagen de Puebla y meterla en Torreón. No cambia nada. Es una decisión política porque te gusta más meterla en Torreón y ya. En la minería no funciona así. En la minería es una anomalía natural. Entonces tú tienes que ir a buscar dentro de la naturaleza donde existe esta anomalía. Y esta anomalía tiene que ser económicamente redituable para producirla”, comentó Levresse en entrevista para Quadratín Puebla.
La Mixteca concentra el mapa del litio
El mapa del litio poblano apunta hacia la Mixteca. De los 12 yacimientos detectados en el estado, 10 se concentran en esta región. Uno de los casos más relevantes se ubica en Tehuitzingo, donde existe una concesión de exploración otorgada antes de la reforma minera federal.
A la par, en Oaxaca, varios depósitos identificados también se localizan en comunidades mixtecas, configurando un corredor geológico compartido que podría convertirse en una futura zona de tensión territorial.
Las características del suelo complican aún más el panorama. En Puebla predominan terrenos tipo Luvisol y Cambisol con presencia de óxido de hierro, mientras que en Oaxaca dominan formaciones rocosas de difícil procesamiento.
El costo ambiental del “oro blanco”
Aunque el litio es visto como símbolo de la transición energética, su extracción también implica impactos ambientales severos.
El proceso demanda grandes cantidades de agua y energía, además del uso de ácidos para separar el mineral de las rocas. China domina en la actualidad la postproducción mundial precisamente porque concentra buena parte de estos costos ambientales que otros países buscan evitar.
En México, el experto recordó que, dentro del Manifiesto de Impacto Ambiental, las comunidades deben participar en consultas para decidir si aceptan o rechazan proyectos extractivos.
Levresse explicó que, en caso de impulsarse un proyecto en Izúcar de Matamoros, la población tendría derecho a participar directamente en la decisión.
Tehuacán y las aguas profundas
En Tehuacán, el interés científico se centra menos en las rocas y más en las aguas profundas e hipersalinas.
Levresse y otros investigadores analizan la posibilidad de obtener litio mediante procesos de filtración de manantiales y aguas subterráneas no potables, una alternativa considerada mucho más barata que la minería tradicional.
Incluso la sal producida en los Altos del Valle de Tehuacán presenta concentraciones relativamente importantes de litio, aunque los expertos descartan riesgos para la salud humana por contacto natural o consumo cotidiano.
Entre la promesa y la realidad
Desde 2025, el gobierno estatal encabezado por Alejandro Armenta impulsa junto con la UNAM el Proyecto de Exploración e Identificación de Anomalías de Litio en Puebla.
La estrategia oficial busca no sólo localizar el mineral, sino eventualmente integrarlo a una cadena de valor vinculada con baterías, energías limpias y electromovilidad.
Sin embargo, para especialistas, Puebla aún está lejos de convertirse en una potencia del litio. La falta de rentabilidad inmediata, la complejidad geológica, los impactos ambientales y la incertidumbre del mercado internacional mantienen al “oro blanco” poblano en una fase más cercana al laboratorio que a la mina.Por ahora, el litio permanece enterrado bajo la Mixteca poblana: abundante como promesa, pero todavía demasiado costoso para convertirse en realidad.