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PUEBLA, Pue., 22 de agosto de 2026.- El regreso de cientos de miles de estudiantes de nivel básico está en puerta y Quadratín Puebla se dio a la tarea de investigar la historia de las primeras escuelas y colegios, así como las fundadas en las diferentes etapas del sistema educativo.
El Colegio del Espíritu Santo, fundado el 9 de mayo de 1578 en lo que actualmente es la sede de la Rectoría de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) en el Edificio Carolino, es la primera institución educativa que se fundó en la ciudad de Puebla.
Siete años después, el 27 de julio de 1585, fue fundado el Colegio de Jesús María anexo al Convento de San Jerónimo. Un colegio de niñas vírgenes para hijas de los caballeros y señores ilustres de Puebla.
Asimismo, en la Angelópolis estuvo el primer Colegio de Infantes de la Nueva España. Llevó por nombre “Santo Domingo Mártir” y se fundó en 1649.
Sin embargo, la primera escuela pública que operó en la entidad es la “José María Lafragua”, fundada en 1898, la cual sigue con sus mismas funciones. Su inmueble está ubicado en la 2 Sur esquina con la 7 Oriente en el municipio de Puebla.
Según registros históricos, hay referencias de que el 14 de abril de 1578 el Cabildo de la ciudad de Puebla solicitó a los jesuitas la fundación de una institución educativa.
Entre 1578 y 1702, la Compañía de Jesús fundó el colegio de Espíritu Santo para criollos, el colegio de indios de San Francisco Xavier y las residencias de San Jerónimo, San Ildefonso y San Francisco Xavier, que estaría consagrada a los indígenas.
El 9 de mayo de 1578, en un edificio especialmente adaptado, comienzan los cursos. Así surgió el Colegio de la Compañía de Jesús.
Con la expulsión de la orden en 1767, los cinco establecimientos fueron cerrados. Posteriormente, San Ignacio y San Jerónimo reabrieron sus puertas en 1772.
En 1790, fueron fusionados para dar paso al Real Colegio Carolino, con sede en el antiguo edificio del Espíritu Santo. En junio inició operaciones.
De ahí que varios consideran que la herencia de los colegios jesuitas sea el referente del origen de lo que a la postre fue la universidad pública del estado de Puebla.

A finales del siglo XVI, gracias a la donación del obrajero Juan Barranco se fundó el Colegio de Jesús María con el objeto de educar a jóvenes españolas, con la autorización del obispo Diego Romano (1578-1606), estableciéndose en 1590 en las casas que fueron del arcediano Hernando Pacheco, del que derivó la creación y fundación del convento de San Jerónimo, anexo con su templo.
En un principio estuvieron juntas religiosas y colegialas, en lo que se consolidaban los aposentos del convento. Al quedar el claustro se independizan, quedando únicamente una puerta de intercomunicación por la que entraban y salían las monjas que se asignaban como rectora y portera; sólo tenían el templo en común.
El colegio se desarrolló en torno a dos patios: el principal con los servicios y portería en planta baja y las aulas y aposentos de las niñas en los altos con las habitaciones de la rectora. En el segundo patio las cocinas, estercolero y letrinas, así como las dependencias de la servidumbre.
Este colegio tenía en 1852 treinta alumnas y dos profesoras; subsistió hasta la aplicación de las Leyes de Reforma (1860). Fue el primero de los cinco que se construyeron en Puebla.
El templo se inició en 1629, obra del maestro arquitecto Francisco de Aguilar, sustituyendo su artesón de madera por un cañón corrido sin crucero en el siglo XVIII. En la primera mitad del siglo XIX se transformaron los interiores barrocos por altares y ornamentación neoclásica. La iglesia fue consagrada en 1635.
Este edificio ha tenido varios usos tras la expulsión de los jesuitas. Fue Estanco de Tabaco y Casa de Aduana. En el siglo XIX fue Tesorería General del Estado y a fines de ese siglo Normal de Profesores. A principios del siglo XX fue ocupado por el Congreso del Estado.
El inmueble se ubica en la 4 Sur 507 (esquina con la 7 Oriente). Actualmente, gran parte de este conjunto histórico forma parte de las instalaciones universitarias de la BUAP.

Por lo que respecta al Colegio de Infantes de la Nueva España “Santo Domingo Mártir”, éste estaba dedicado a la música y, por ende, a la formación de mozos para el coro de la Catedral.
Además se les enseñaba a leer, escribir, gramática, aritmética y el servicio al Altar. Como dato curioso solo podían ingresar niños españoles y siempre debían de portar su uniforme.
El edificio que albergó a este colegio se encuentra en la avenida 3 Oriente 205 en el Centro Histórico de la ciudad de Puebla y estuvo habitado por los infantes hasta 1894.
Desde 1920, el régimen de propiedad del inmueble fue privado y en 1944 fue adquirido por el General José García Valseca, formando parte desde entonces del edificio donde opera el periódico El Sol de Puebla.

Por lo que respecta a la escuela “José María Lafragua”, fue inaugurada oficialmente el 22 de noviembre de 1896 por el general Porfirio Díaz, tras consolidarse las leyes de instrucción pública y los planes del gobierno liberal para la enseñanza elemental obligatoria y gratuita.
Surgió tras las reformas educativas impulsadas en el estado a finales del siglo XIX. El gobierno adoptó modelos laicos y de organización completa para la educación primaria. El ciclo escolar de esa época comenzaba el 1 de enero y terminaba el 31 de diciembre.
El presidente Porfirio Díaz inauguró el inmueble y, dos años después, donó un reloj público para la torre de la institución. El edificio muestra una estructura arquitectónica de influencia francesa moderna. Se ubica en la capital del estado y continúa operando como un referente de la educación pública básica.
Lleva ese nombre en memoria de uno de los políticos más importantes de Puebla y México durante el Siglo XIX. José María Lafragua Ibarra nació en la ciudad de Puebla el 2 de abril de 1813.
En 1835, se convirtió en el primer abogado titulado del Colegio del Estado (hoy BUAP), del que llegó a ser secretario y bibliotecario. En 1842 fue diputado por Puebla en el Congreso Constituyente, en el que elaboró el Código Civil y el de Procedimientos Penales, además de participar en la Ley de Garantías Individuales.
Fue nombrado por el presidente Benito Juárez director de la Biblioteca Nacional de México en 1867. Al morir, el 15 de noviembre de 1875, se donó su biblioteca de más de 4 mil 300 volúmenes a la Biblioteca Nacional y a la Biblioteca del Colegio del Estado, que actualmente lleva el nombre de “José María Lafragua” en su honor y forma el Fondo Antiguo de la BUAP.
