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PUEBLA, Pue., 29 de junio de 2026.- Hace 61 años quedó soterrado el río San Francisco, el cual durante siglos fue la arteria natural que atravesó el centro de la ciudad de Puebla. Esta fuente de vida contaba con 20 puentes y molinos que impulsaron el desarrollo local.
La afluente, también conocida como Almoloya y en cuyas riberas se fundó la Angelópolis, fue reemplazada por un símbolo de modernidad urbana: el Bulevar Héroes del 5 de Mayo. Bajo el asfalto fluye una historia que vale la pena recordar.
El embovedamiento del río inició con un decreto el 26 de agosto de 1963 y concluyó el 5 de mayo de 1965, cuando se inauguró la vialidad de poco más de seis kilómetros de longitud.
El Almoloya (“donde brota el agua”) se nutría de diversas corrientes y dotaba del líquido al valle de Cuetlaxcoapan y Huitzilapan.
“Las corrientes de agua que venían a nuestro río desde la ‘Matlalcuéyetl, Malintzi o Malinche… convertían al río en peligroso, por su corriente que se hacía impetuosa, incontenible, bronca, entrando por el rumbo de Xochimehuacán”, se lee en el libro “Crónicas de mi ciudad”, de Enrique Cordero y Torres (1966).

Su caudal movió molinos y otras factorías. Entre los siglos XVII y XVIII, la fuerza del agua le dio impulso al molino de San Antonio, ubicado al norponiente de la urbe, y al de Huexotitla, localizado al sur. Estos proveyeron de harina a la ciudad para hacer pan.
Posteriormente, la bronca corriente del río San Francisco sirvió a la industria textil, la cual declinó su actividad en nuestra ciudad hasta finales del siglo pasado.
Lastimosamente, la pérdida de este torrente no comenzó con el embovedamiento, el cual se pretendió desde el siglo XIX, sino desde antes por los propios pobladores, quienes lo empezaron a emplear como albañal.
En los años 20 del siglo pasado, el riachuelo se convirtió en un canal de basura y aguas negras, y en 1939 causó graves inundaciones que llevaron a la sociedad a considerarlo un peligro urbano.
Las autoridades, en lugar de poner coto a ese vertedero de aguas residuales y sanear el San Francisco, optaron por desaparecer al arroyo.
Pero antes de que las autoridades sometieran a la corriente del San Francisco, ya se habían dado intentos de soterrarlo por haber sido utilizado como albañal y como depósito de inmundicias.

En 1892, una primera Junta de Mejoramiento, armada para tal caso, estuvo a punto de embovedar el río, pues el jefe político de la entidad y el jefe de la Novena Zona Militar gestionaban ese proyecto.
Sin embargo, los cambios políticos que se registraron impidieron que la idea prosperara, aun cuando se reunió dinero y los trabajos estuvieron a punto de ser iniciados.
De todo ello narra Enrique Cordero y Torres en su citada obra, donde también está asentado que, en 1945, el entonces presidente de la república, el poblano Manuel Ávila Camacho, recibió un proyecto para el embovedamiento del Almoloya, sin ningún resultado.
En ese libro, el autor publicó una larga y bien informada crónica sobre el soterrado río, trabajo que le encargó el Ayuntamiento de entonces.
El 26 de agosto de 1963 se promulgó la Ley sobre Embovedamiento y Urbanización del Río San Francisco, donde las obras fueron declaradas de utilidad pública y se decretó la expropiación de aquellos bienes de propiedad privada que fueran necesarios para la realización de las mismas.
El gobernador del Estado, Aarón Merino Fernández, quien fue originario de San Juan Ixcaquixtla, Puebla, fue el creador de esta obra.

En su decreto se autorizaba, primero: el saneamiento del río y la destrucción de los 20 puentes y molinos que existían a lo largo de dicho cauce.
Segundo: aprovechar la superficie para diseñar una amplia avenida arbolada tipo bulevar que formaría un circuito con la Diagonal Defensores de la República.
Para la construcción del bulevar no sólo se ocupó el cauce del río, fue necesario demoler algunas casas inmediatas a sus riberas; la operación todavía dejó huellas antiestéticas en los parámetros y perfiles de la calle, argumento por el que se procedió a una segunda renovación en el marco del proyecto del Paseo del Río, apunta Carlos Montero Pantoja en su obra “Puebla y el Paseo de San Francisco”.
El corte de listón e inauguración del nuevo bulevar se llevó a cabo el 5 de mayo de 1965. La ceremonia estuvo encabezada por el entonces gobernador del Estado, Aarón Merino Fernández.
En 1994 inició la construcción del colector pluvial principal y más profundo del bulevar 5 de Mayo, obra que se realizó principalmente durante el año 1999. Este drenaje profundo fue operado por el gobierno de Manuel Bartlett Díaz, ya que, en ocasiones, en tiempos de lluvia se seguía inundando esa vialidad a la altura del Centro de Convenciones.
En el año 2012, para modernizar la rúa, el entonces gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle Rosas, mandó cubrir la vialidad con material de concreto hidráulico en conjunto con el Ayuntamiento de aquella época, encabezado por Eduardo Rivera Pérez, concluyendo la fase principal durante los años 2012 y 2013. Por este motivo es que se dieron dos inauguraciones más.





