Donación de órganos tras accidentes viales en Puebla
PUEBLA, Pue., 10 de agosto de 2026.- David está por concluir la Licenciatura en Mecatrónica en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) y, como a muchos universitarios, le gusta tomar alcohol.
Antes, David salía de fiesta una vez al mes a los bares de la Avenida Juárez y, aunque alrededor de Ciudad Universitaria abundan los establecimientos donde se venden bebidas alcohólicas, prefiere las "pedas caseras" organizadas por sus amigos en sus casas o departamentos, principalmente en la zona de Los Héroes.
Una noche la diversión estuvo a punto de convertirse en tragedia. Después de beber demasiado vodka y tequila, perdió el conocimiento cuando se encontraba por la zona de Flor del Bosque, lejos de su casa. Vomitó en repetidas ocasiones dentro de un baño y apenas recuerda cómo terminó esa noche. David salió ileso, pero reconoce que pudo haber ocurrido algo peor. Su historia no es un caso aislado.
Para los universitarios de la capital resulta casi imposible terminar la carrera sin haber probado alcohol. El estudio "Impacto de factores psicosociales en el bienestar de jóvenes universitarios poblanos", elaborado por la BUAP y publicado en 2024, reveló que el 75 por ciento de los estudiantes encuestados había consumido alcohol al menos una vez en su vida. La investigación consultó a 255 jóvenes, de los cuales 222 eran mujeres y 33 hombres.
El entorno también influye. En los alrededores de Ciudad Universitaria, donde estudian cerca de 50 mil alumnos, existen al menos 44 establecimientos con licencia para vender bebidas alcohólicas. Durante un recorrido realizado por Quadratín Puebla se constató que bares como El Palco, LITROX, Tulum Club y Saona se ubican a apenas 60 pasos de Ciudad Universitaria, pese a que el reglamento del Ayuntamiento de Puebla establece una distancia mínima de 200 metros entre este tipo de negocios y los planteles educativos.
Sin embargo, la presencia de estos establecimientos es mucho mayor si se consideran otras zonas universitarias de la ciudad. Una solicitud de transparencia realizada por Quadratín Puebla al Ayuntamiento reveló que en los alrededores de Ciudad Universitaria, la Facultad de Psicología de la BUAP y la UPAEP operan en conjunto 207 bares con licencia de funcionamiento. De ese total, 44 se localizan en la zona de Ciudad Universitaria, 137 en el Centro Histórico, donde se ubica la Facultad de Psicología, y 26 en los alrededores de la UPAEP. Cabe destacar que en el Centro Histórico también existen decenas de escuelas de todos los niveles educativos.
En este contexto, el consumo de alcohol puede comenzar como una forma de convivencia y terminar convirtiéndose en un problema de salud pública. La Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (ENCODAT) 2025 muestra que, aunque la dependencia al alcohol disminuyó ligeramente, al pasar de 2.2 por ciento en 2016 a 1.8 por ciento en 2025, aumentó la proporción de personas que han consumido alcohol alguna vez en su vida, al pasar de 71 a 73.7 por ciento. El incremento fue impulsado principalmente por las mujeres, cuya prevalencia pasó de 62.6 a 69.3 por ciento.
Para David, beber le ayudaba a "soltarse un poco y ser más extrovertido". Era una forma de convivir con sus amigos. Esa percepción coincide con el estudio de la BUAP, que identificó que los estudiantes consumen alcohol por motivos personales, como el estrés, la baja satisfacción y la inseguridad; por conflictos familiares; y por factores sociales y ambientales, entre ellos la facilidad para conseguir bebidas alcohólicas, la publicidad y la influencia de amistades que también consumen.
La ENCODAT y el estudio de la BUAP advierten que el consumo de alcohol representa un importante riesgo para la salud y la sociedad. Su abuso puede provocar trastornos físicos, mentales y psicológicos, favorecer el desarrollo de dependencia mediante la tolerancia y el síndrome de abstinencia, e incrementar la mortalidad y la discapacidad.
Además, se asocia con un mayor riesgo de violencia, bajo rendimiento escolar y laboral, deterioro de las relaciones familiares y sociales, así como con patrones de consumo excesivo que favorecen intoxicaciones, especialmente en un contexto donde beber está socialmente normalizado desde edades tempranas. Estas consecuencias también generan estigmas que dificultan el acceso a atención profesional y afectan la calidad de vida de quienes desarrollan un trastorno por consumo de alcohol.
La evidencia también apunta a que limitar el acceso al alcohol puede reducir la incidencia delictiva. Una evaluación realizada por el Ayuntamiento de Puebla sobre la restricción de horarios para la venta de bebidas alcohólicas, implementada a finales de 2017, concluyó que durante el horario restringido la incidencia delictiva disminuyó 39.8 por ciento, con un nivel de confianza del 99 por ciento.
Los delitos que registraron la mayor reducción fueron el robo con violencia, que cayó 40.1 por ciento, y el robo sin violencia, con una disminución de 44.3 por ciento. En contraste, durante los horarios sin restricción la baja fue de apenas 11.7 por ciento.
El estudio también encontró que siete de cada diez ciudadanos consideran que el alcohol favorece la comisión de delitos durante la madrugada y que dos de cada tres respaldan la medida, por lo que concluyó que la restricción de horarios constituye un instrumento efectivo para prevenir el delito, en línea con experiencias documentadas en ciudades como Bogotá y Diadema.
Así, mientras el consumo de alcohol continúa formando parte de la rutina de miles de universitarios y los bares se multiplican alrededor de los campus, David recuerda la noche en que quedó en una situación de extrema vulnerabilidad, consciente de que pudieron haberlo asaltado o que algo peor pudo haberle ocurrido. Salió ileso, pero entendió que la línea entre una fiesta y una tragedia puede ser mucho más delgada de lo que parece.
Nota: Algunos datos personales del entrevistado fueron modificados para proteger su identidad. El contenido del reportaje y los hechos narrados permanecen sin cambios.