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PUEBLA, Pue., 2 de octubre de 2026.- Han pasado 58 años desde el 2 de octubre de 1968, pero la fecha continúa presente en la memoria de México. Lo ocurrido en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, marcó a una generación de estudiantes y abrió un capítulo que, décadas después, continúa siendo estudiado, discutido y transmitido a quienes no vivieron aquel momento.
El movimiento estudiantil de 1968 no comenzó el 2 de octubre. Durante meses, estudiantes de distintas instituciones participaron en movilizaciones que plantearon demandas relacionadas con las libertades democráticas, la autonomía universitaria, la liberación de presos políticos y el rechazo a la represión de las autoridades.
La tarde del 2 de octubre, una concentración en la Plaza de las Tres Culturas terminó con una operación represiva en la que participaron fuerzas militares y de seguridad. Hubo personas muertas, heridas y detenidas, aunque el número exacto de víctimas continúa siendo motivo de investigación y debate histórico.
La historia del movimiento estudiantil también alcanzó a Puebla. La entonces Universidad Autónoma de Puebla (UAP) vivió un proceso de movilización que estuvo relacionado con las transformaciones políticas y sociales que atravesaba el país.
La historiadora Gloria Arminda Tirado Villegas, investigadora de la BUAP y autora de El 68 en Puebla y su Universidad, ha dedicado parte de su trabajo a reconstruir la participación de los universitarios poblanos durante aquel periodo.
Su investigación permite observar que el 68 no fue únicamente un acontecimiento ocurrido en la capital del país. En Puebla, los estudiantes también participaron en brigadas, movilizaciones y actividades de difusión para acercar sus demandas a distintos sectores de la sociedad.
El estudio del movimiento en la entidad también permite entender el contexto que enfrentaban los universitarios poblanos. La universidad atravesaba desde años anteriores una serie de disputas políticas y sociales relacionadas con la autonomía, la participación estudiantil y el modelo de institución que buscaban construir.
Por ello, para conocer el 68 poblano no basta con mirar hacia Tlatelolco. También es necesario revisar lo que sucedía en las universidades y en las calles de Puebla, donde una generación de jóvenes comenzó a cuestionar las estructuras políticas y sociales de su tiempo.

A casi seis décadas de distancia, el 2 de octubre permanece como una referencia para hablar de libertad de expresión, movilización estudiantil, derechos humanos y relación entre sociedad y gobierno.
La historiadora Gloria Tirado Villegas ha documentado, además, la participación de mujeres dentro del movimiento estudiantil, un aspecto que durante años recibió menor atención en los relatos tradicionales sobre 1968.
Recuperar esas historias permite ampliar la mirada sobre aquella generación. No se trató únicamente de los acontecimientos ocurridos durante la tarde del 2 de octubre, sino de un movimiento que durante meses involucró a estudiantes, profesores, familias y distintos sectores sociales.
Cada año, el 2 de octubre vuelve a las aulas, a las universidades, a las calles y a la conversación pública. Para las generaciones que no estuvieron ahí, el reto consiste en comprender el contexto y evitar que la fecha se reduzca a una consigna.
El paso del tiempo también ha cambiado la manera de acercarse al acontecimiento. Los testimonios de quienes participaron, los archivos, las investigaciones académicas y los documentos históricos permiten reconstruir un episodio que durante décadas estuvo marcado por versiones oficiales, silencios y exigencias de esclarecimiento.
En Puebla, la memoria del 68 también permanece vinculada con la historia de su universidad y con quienes participaron en aquel movimiento. Sus testimonios forman parte de una memoria que ha pasado de padres y abuelos a nuevas generaciones.
58 años después, la pregunta no es solamente qué ocurrió el 2 de octubre de 1968. También es qué significado tiene hoy para quienes nacieron décadas después y qué enseñanzas permanecen de aquella generación que salió a las calles para exigir cambios.
Porque recordar Tlatelolco no significa únicamente mirar hacia el pasado. También implica conocer cómo se construyó esa memoria y por qué, seis décadas después, aquella fecha continúa formando parte de la historia contemporánea de México.
A través de un sondeo que realizó Quadratín a estudiantes, amas de casa y personas de la tercera edad, se pudo constatar que la historia y la pérdida siguen intactas en la sociedad, ya que recuerdan aquel momento que vivieron en carne propia o que conocieron en libros y en discursos de las protestas.
“Yo estaba embarazada, vivía cerca de Tlatelolco, era un movimiento gigante que hizo una revolución, los derechos cambiaron y un hijo mío vivió esa etapa, lo recordamos como una lucha valiente”, señaló Gloria Romero.
A los más jóvenes les tocó escuchar relatos o leer sobre este hecho. “Fue un momento en el que lucharon estudiantes y les agradecemos porque ahora nosotros tenemos libertad; en escuelas públicas y privadas decidimos qué estudiar y qué ser para el futuro”, señaló Roberto Quino.





