Puebla, segundo productor de huevo en México
PUEBLA, Pue., 27 de agosto de 2026.- Una parte importante de los adultos mayores en Puebla enfrenta una doble condición de vulnerabilidad: debe continuar trabajando para obtener ingresos y, al mismo tiempo, vive en situación de pobreza.
De acuerdo con datos expuestos por Mercedes Paola Dehesa Isidoro, médica geriatra y profesora investigadora de la Facultad de Medicina de la UPAEP, 62.4 por ciento de las personas mayores de 60 años en Puebla son económicamente activas, mientras que casi 50 por ciento de quienes tienen más de 65 años se encuentran en pobreza.
La especialista advirtió en conferencia de prensa que trabajar durante la vejez debería ser una elección y no una obligación derivada de la falta de recursos económicos.
El panorama podría agravarse ante el acelerado envejecimiento de la población. En 2020, Puebla registró 745 mil 419 personas mayores de 60 años, equivalentes al 11.3 por ciento de la población, y para 2030 la cifra podría alcanzar entre 900 mil y un millón.
A nivel nacional, México ya cuenta con más de 17 millones de personas mayores de 60 años, una cifra que podría representar una cuarta parte de la población para 2050.
Dehesa Isidoro señaló que el reto no consiste únicamente en vivir más años, sino en garantizar que las personas lleguen a la vejez con salud, autonomía y dignidad, particularmente ante las enfermedades crónicas, la pérdida de masa muscular y otros padecimientos que pueden limitar su capacidad para trabajar.
La situación ya se refleja en la demanda de atención médica en la capital poblana. Entre octubre de 2025 y mayo de 2026, el programa municipal “Médico Imparable” atendió a 4 mil 41 adultos mayores, principalmente por hipertensión, diabetes y osteoartritis.
Ante este escenario, la especialista consideró urgente fortalecer los servicios de salud, los sistemas de cuidados y las políticas de protección económica para evitar que las personas mayores tengan que prolongar su vida laboral por necesidad.
Puebla se encamina así hacia una transformación demográfica en la que no solo habrá más adultos mayores, sino también un desafío creciente para garantizar que puedan envejecer sin que la pobreza determine cómo vivir esta etapa.