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PUEBLA, Pue., 2 de mayo de 2026.- Molesto y frustrado por el poco respaldo que recibió por parte de los poblanos y del Ministerio de Guerra, tras la Batalla del 5 de mayo de 1862, a través de mensajes por telégrafo, el General Ignacio Zaragoza expresó su enojo e incluso planteó atacar a la ciudad de Puebla.
Así se puede constatar revisando los comunicados que envió el originario de Bahía del Espíritu Santo Coahuila y Texas (territorio mexicano en ese entonces), y que están contenidos en el libro “Batalla del 5 de mayo de 1862 en Puebla: telegramas oficiales”, donde se incluyen los partes oficiales de los coroneles.
En dichas emisiones, el hombre que dirigió al Ejército de Oriente, dio parte desde su arribo a la actual Angelópolis, el diseño de la estrategia que aplicaría contra las huestes francesas, ejército que en esos tiempos era considerado el mejor del mundo; el desarrollo de la confrontación y las partes tras la batalla.

A través de telegramas, el general tuvo comunicación con el Palacio Nacional, el Ministerio de Guerra mexicano y hasta con el presidente de México, Benito Juárez.
Cabe señalar que el telégrafo llegó al estado de Puebla el 5 de noviembre de 1851, marcando el inicio de las telecomunicaciones en México con la inauguración de la primera línea telegráfica del país.
Esta línea inicial conectaba la Ciudad de México con el municipio de Nopalucan de la Granja, Puebla. El proyecto fue impulsado por el presidente Mariano Arista y el pionero español Juan de la Granja.

El militar de 33 años de edad hacía los manuscritos, firmaba y luego daba la información al telegrafista que enviaba el mensaje.
El 3 de mayo de 1862, el militar mexicano reportó su arribo a la ciudad de Puebla. Esto indica que solo tuvo un día para preparar la defensa.
El lunes 5 de mayo de 1862 fue enviando información conforme se desarrolló la batalla. Zaragoza utilizó la Iglesia de los Remedios como su cuartel general y punto estratégico de observación durante las hostilidades. Desde su atrio y torre, dirigió el combate contra el ejército francés y redactó los informes de la victoria para el presidente Benito Juárez.

A las 9:30 horas informó que las tropas mexicanas se encontraban formadas y la vanguardia del enemigo era ya visible. A las 10:45 horas dio a conocer que los galos se encontraban a unos tres kilómetros de la garita de Puebla.
Al mediodía el mensaje reportó: “Se ha roto el fuego de cañón por ambas partes”, es decir, comenzó la batalla; y dos horas más tarde, se destacó que el enemigo se reagrupaba y que se esperaba otro intento de ataque.
A las 17:49 horas, la victoria mexicana sobre la francesa fue dada a conocer por Ignacio Zaragoza a través de un telegrama en el que, hasta nuestros días, se recuerda que las armas del gobierno mexicano se cubrieron de gloria.

“Excmo. Señor Ministro de Guerra: Las armas del supremo gobierno se han cubierto de gloria; el enemigo ha hecho esfuerzos supremos por apoderarse del cerro de Guadalupe, que atacó por el oriente a derecha e izquierda durante tres horas; fue rechazado tres veces en completa dispersión y en estos momentos está formado en batalla fuerte de 4,000 hombres y pico, frente al cerro, la fuerza de tiro”, escribió Ignacio Zaragoza en el telegrama que envió tras la confrontación.
Posterior a la batalla, las complicaciones para el Ejército de Oriente aumentaron porque faltaban recursos para alimentar a los soldados. Esto lo plasmó Zaragoza en una misiva en la que se nota su molestia.
De igual forma, también plasmó su inconformidad al sentir poco o nulo respaldo de parte de la ciudad.
El 9 de mayo, a las 11:58 horas, Zaragoza Seguín envió un polémico mensaje en el que expresa un reclamo hacia los habitantes contenido en la frase: ¡Qué bueno sería quemar a Puebla!
“Hoy no he podido completar ni para un día de socorro económico, que importa $3,700 porque solo tiene la comisaría $3,300. La fuerza está sin socorro desde el día 5 y casi sin rancho.- ¡Qué bueno sería quemar a Puebla! Está de luto por el acontecimiento del día 5. Esto es triste decirlo. Pero es una realidad lamentable. Estoy preparando mi marcha sobre el enemigo; pero acaso no lo pueda verificar oportunamente por falta de recursos”, firmó el general que falleció el 8 de septiembre de 1862 en Puebla, a causa de tifus murino.





