Chile en nogada deja derrama de más de 2 mil mdp en Puebla
PUEBLA, Pue., 2 de noviembre de 2025.- El olor a cempasúchil se mezcla con el incienso en los panteones poblanos este 1 de noviembre, donde desde temprano familias completas arribaron con baldes, escobas y flores para honrar a sus difuntos.
Entre senderos angostos y lápidas antiguas, el murmullo constante revela que la tradición sigue intacta, pese al paso de los años. En el Panteón Municipal, por ejemplo, la avenida principal lució saturada desde primera hora.
Puestos improvisados ofrecían veladoras, coronas y pan de muerto, mientras algunos músicos afinaban los instrumentos para entonar desde Hermoso Cariño hasta el clásico Amor Eterno. La música, en cada temporada de muertos, ya es tradición.

Niños corriendo entre tumbas, familias enteras colocando pétalos formando senderos y algunos abuelitos recibiendo humo de cigarro por “les dio aire”, se pudo ver en uno de los camposantos más concurridos de Puebla capital.
Sonoras risas combinadas con ojos enrojecidos por ese recuerdo que aún duele son constantes en las tumbas que lucen fotografías enmarcadas de aquellos que se nos adelantaron en el camino.
Para muchos, esta fecha no solo es recuerdo, sino que es reencuentro. “Es el único día que se siente que mi papá vuelve”, confesó una mujer mientras prendía un poco de incienso en la tumba de su padre.

Ramos enteros de cempasúchil se convirtieron en caminos naranjas. La nube y terciopelo añadieron un toque solemne. Los floristas trabajaban a marchas forzadas, mientras también armaban pequeños adornos en forma de calaveras..
Un fuerte sol con lapsos de sombra, en medio de un aire frío, provocaba que algunas personas se resguardaran bajo carpas improvisadas, aprovechando para compartir tamales o mole, mientras narraban anécdotas de quienes ya no están.
Más allá del consumo, la comida hoy es un puente emocional, pues a muchos se les escuchaba decir que este “era su platillo favorito”, todo entre sonrisas nostálgicas.

Muchas familias decidieron pasar del recuerdo en los camposantos a disfrutar de las actividades que se tuvieron por la temporada de muertos en la ciudad, principalmente en el Centro Histórico.
El Corredor de Ofrendas era el punto de más concurrencia. Con helado, churros o unas papas con “harta salsa”, los poblanos visitaban los altares que homenajeaban a diversos personajes.
Los más audaces proponían tomar el carro y trasladarse a Atlixco. El plan era claro: “una barbacoa y luego al Valle de Catrinas”.
Así, entre cempasúchil, canciones y ofrendas, la Angelópolis este año una nueva página de devoción, tradición y cariño. Puebla, fiel a su memoria colectiva, volvió a demostrar que sus muertos nunca se van del todo.
