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Signavox, el traductor de señas creado por estudiantes de la BUAP
27 de octubre de 2025
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12:24
BUAP
Natalia Mora/Quadratín Puebla
PUEBLA, Pue., 27 de octubre de 2025.- En un país donde más de seis millones de personas viven con alguna discapacidad y 12.1 por ciento enfrenta dificultades auditivas, un grupo de estudiantes de la BeneméritaUniversidad Autónoma de Puebla (BUAP) desarrolló una herramienta que puede transformar la forma en que la sociedad se comunica con la comunidad sorda: Signavox, una aplicación web que traduce el Lenguaje de SeñasMexicano (LSM) a oraciones escritas en español mediante inteligencia artificial (IA).
A través de un comunicado se informó que el proyecto, impulsado por los jóvenes Iralice Cardona Castillo,FernandoLeón Oropeza y José Orizaga y Espin, alumnos de la Facultad de Ciencias de la Electrónica (FCE), no sólo representa un avance tecnológico, sino también una apuesta por la inclusión, la equidad y la accesibilidad. Su impacto fue reconocido con la medalla de oro en Infomatrix Argentina, durante el XX Concurso Iberoamericano de ProyectosEstudiantiles de Ciencia y Tecnología, celebrado del 16 al 18 de octubre.
Una herramienta para romper barreras comunicativas
Signavox nació en el Laboratorio SLED de la FCE, un espacio donde los estudiantes desarrollan prototipos con enfoque social.
Su objetivo fue claro desde el principio: facilitar la comunicación entre personas sordas y oyentes, un reto que en México sigue pendiente, ya que el Lenguaje de Señas Mexicano aún no se enseña de forma generalizada ni se emplea en la mayoría de instituciones públicas o educativas.
La aplicación utiliza inteligencia artificial y visión por computadora para reconocer los movimientos de hombros, brazos, manos y rostro de una persona usuaria del LSM. A partir de 42 poses capturadas, el modelo identifica cada seña y la traduce en palabras, que posteriormente se combinan en oraciones.
“El sistema aprende cómo se ejecutan los movimientos y con base en las últimas cinco predicciones forma una oración coherente”, explicó Fernando León, encargado del modelo de IA. Mientras tanto, Iralice Cardona desarrolló la base de datos y José Orizaga diseñó la interfaz, cuidando que la herramienta fuera accesible y visualmente amigable.
Tecnología con sensibilidad humana
El desarrollo de Signavox incluyó la colaboración de una psicóloga y de las maestras en lenguaje de señas Victoria Alemán y Mariana Mendoza, quien además tiene discapacidad auditiva.
Gracias a su apoyo, los jóvenes comprendieron mejor las particularidades lingüísticas y culturales del LSM, garantizando que la traducción fuera respetuosa y funcional.
“Queríamos entender de verdad cómo se comunican las personas sordas, no sólo traducir gestos, sino interpretar significados”, comentó Iralice Cardona, quien destacó que el trabajo no se limitó a la programación, sino a crear una herramienta con empatía y propósito social.
El asesor del proyecto, Nicolás Quiroz Hernández, subrayó que el triunfo en Argentina tiene doble mérito: los estudiantes se enfrentaron a proyectos internacionales con más tiempo de desarrollo, pero su autogestión, creatividad y compromiso con la inclusión los llevaron al éxito.
Hacia una educación y comunicación más inclusiva
El impacto potencial de Signavox va más allá de la tecnología. En México, apenas 21 de cada 100 niños y jóvenes sordos de entre 3 y 29 años asisten a la escuela, y menos de la mitad logra concluir la primaria, según el INEGI. Esto limita su acceso a la educación, al empleo y, en consecuencia, a una vida digna.
Signavox podría convertirse en una herramienta clave para garantizar una educación bilingüe e inclusiva, al facilitar la enseñanza del español y del LSM en entornos escolares. Sus creadores buscan seguir perfeccionándolo hasta lograr que sea bidireccional, es decir, que traduzca también de textoaseñas mediante animaciones.
“Queremos que Signavox sea una herramienta para todos: estudiantes, docentes, intérpretes y familias. La inclusión empieza cuando nos podemos comunicar”, expresó Fernando León.
Signavox es una muestra de que la verdadera inclusión comienza cuando la ciencia y la empatía trabajan juntas.