Chile en nogada deja derrama de más de 2 mil mdp en Puebla
PUEBLA, Pue., 29 de octubre de 2025.- Cada año, entre el 30 y 31 de octubre, los altares y ofrendas en los hogares poblanos se llenan de dulces, juguetes, pan en miniatura y veladoras pequeñas.
Son los días dedicados a los niños que murieron sin ser bautizados y a los angelitos, como la tradición llama a los menores que partieron antes de tiempo.

En medio de esta conmemoración llena de ternura y nostalgia, Puebla recuerda a decenas de infancias arrebatadas por la violencia, el abandono y la indiferencia.
En lo que va de 2025, al menos ocho menores de edad han perdido la vida en distintos hechos violentos ocurridos en el estado.
Las cruces diminutas y los juguetes colocados en las ofrendas adquieren un sentido más profundo ante las tragedias recientes que han sacudido a la sociedad poblana.
Uno de los casos más dolorosos fue el de Juanito, un niño de siete años que el pasado 6 de febrero se quitó la vida en Zacatlán, presuntamente debido al acoso y maltrato que sufría por parte de su maestra de segundo de primaria.

Apenas dos días antes, en el mismo municipio, René, un bebé de nueve meses, murió durante un intento de asalto a su familia.
El año comenzó con hechos igualmente estremecedores
El 15 de enero, Génesis, una niña de 10 años, fue abusada y asesinada por su vecino en Cuautlancingo, en el primer caso de feminicidio infantil registrado en 2025.
Dos días antes, Bárbara, también de 10 años, fue víctima colateral de un ataque armado en una taquería de Tecamachalco.

En febrero, la tragedia alcanzó a Lluvia Yareni, de ocho años, fue víctima de feminicidio a manos de su madre y su padrastro, quienes ejercían violencia constante contra ella y sus hermanos.
Más recientemente, en octubre, un niño de 12 años murió en Chapulco tras recibir una bala perdida durante una balacera; no tenía ninguna relación con el enfrentamiento.
Apenas el pasado 26 de octubre, en Santo Tomás Chautla, Mary Cruz, de 25 años, presuntamente asesinó a sus hijos Leonel, de 8 años, y Samantha, de apenas un año y dos meses, antes de quitarse la vida.

A esta dolorosa lista se suman los casos de fetos y recién nacidos abandonados en distintos municipios: el 2 de enero de 2025 fue hallado al interior de una bolsa de plástico una bebé recién nacida en San Juan Xiutetelco en el paraje conocido como Camino Antiguo, cerca de la zona limítrofe con Veracruz.
En marzo, en la colonia Los Héroes, testigos hallaron los restos de un bebé dentro de una bolsa negra; en septiembre, un feto fue encontrado en Amozoc entre bolsas de basura.
El episodio más reciente ocurrió el 1 de octubre en el campus central de la UPAEP, donde personal de limpieza halló un feto de aproximadamente siete meses de gestación en los baños de la universidad.
La institución activó sus protocolos de emergencia y colaboró con las autoridades para esclarecer los hechos.
Estos episodios de violencia y abandono contrastan con la dulzura que envuelve los altares dedicados a los muertos chiquitos.

En los hogares poblanos, las familias colocan juguetes, agua, sal, dulces y flores blancas para recordar a los niños que partieron antes de tiempo, creyendo que sus almas regresan a jugar y a visitar a los suyos.
En medio de los colores del cempasúchil y la esperanza que trae el Día de Muertos, los nombres de Juanito, Génesis, Lluvia y tantos otros pequeños se suman al coro silencioso de las ofrendas.
Este año, sus recuerdos habitan entre veladoras, papel picado y la exigencia de justicia que sigue pendiente en Puebla.





