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PUEBLA, Pue., 22 de diciembre de 2025.- A 53 años del asesinato de Enrique Cabrera Barroso, su nombre vuelve a ocupar un lugar central en la memoria universitaria y política de Puebla. Dirigente estudiantil, militante comunista y funcionario de la entonces Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), Cabrera es recordado como uno de los principales impulsores de la reforma universitaria que, entre las décadas de 1960 y 1970, transformó a la institución en un proyecto democrático, crítico y popular.
En entrevista, Jorge Méndez, exlíder estudiantil y participante de la etapa final de la reforma, reconstruye la trayectoria de Cabrera y subraya que su legado sigue vigente en la universidad pública. “Fue una lucha para arrebatarle la universidad a la derecha oscurantista”, resume, al referirse al control que ejercían grupos conservadores y organizaciones de ultraderecha, como el Frente Universitario Anticomunista, considerado el embrión de El Yunque.
Enrique Cabrera ingresó en 1960 a la carrera de Ingeniería Civil en la BUAP. Fue ahí donde inició una intensa actividad política que lo llevó a convertirse en uno de los rostros más visibles del movimiento universitario que buscaba democratizar la institución y abrirla a los sectores populares.
Militante del Partido Comunista Mexicano, Cabrera extendió su activismo más allá de las aulas. Participó en la defensa de comerciantes de la vía pública, respaldó luchas obreras y encabezó protestas contra el aumento en tarifas del transporte y de productos básicos como la tortilla y el pan. Su participación política le valió persecuciones y encarcelamientos durante los gobiernos priistas de la época.
De acuerdo con Jorge Méndez, tras una de sus detenciones, Enrique Cabrera fue liberado con la condición de abandonar Puebla, lo que lo llevó a involucrarse en el movimiento estudiantil de 1968 en la Ciudad de México. Años después, con el triunfo de la reforma universitaria, regresó al estado para ocupar el cargo de Director de Extensión Universitaria, desde donde impulsó la vinculación del conocimiento académico con las necesidades de las comunidades más pobres.

Uno de los logros más visibles de ese periodo fue la expansión del acceso a la educación media superior. “En aquel tiempo solo había una preparatoria, la Juárez, con dos turnos, y había alrededor de mil 500 rechazados. De esa lucha surge la Preparatoria Popular Emiliano Zapata y después muchas más”, recordó Méndez.
El 20 de diciembre de 1972, Enrique Cabrera fue asesinado al llegar a su casa, cuando tenía 33 años. Su muerte, junto con la de Joel Arriaga y la represión del 1 de mayo de 1973, se inscribió en una etapa de violencia política que derivó en la caída del entonces gobernador Gonzalo Bautista O’Farrill. Sin embargo, los responsables materiales e intelectuales del crimen nunca fueron sancionados.
“Hemos exigido permanentemente que se aclare quiénes fueron los autores intelectuales y materiales”, subrayó Jorge Méndez, al señalar que, pese al paso del tiempo, la demanda de justicia sigue abierta.
A más de medio siglo de su asesinato, Enrique Cabrera Barroso permanece como un símbolo de la lucha contra la represión y como una referencia ética para quienes defienden la universidad pública.