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PUEBLA, Pue., 17 de junio de 2026.- La crisis política que atraviesa Acatlán de Osorio volvió a colocar bajo los reflectores la presencia de grupos criminales originarios de Guerrero que desde hace más de una década han extendido su influencia hacia la Mixteca Poblana, una región considerada estratégica por su conexión con Morelos, Oaxaca y el centro del país.
La reciente denuncia de la alcaldesa Guadalupe Lucero Bárcenas, quien responsabilizó a Los Rojos de promover acciones para desestabilizar su gobierno y de encabezar amenazas en su contra, reavivó las versiones sobre la presencia de esa organización en el sur de Puebla.
La edil señaló directamente a Pedro Flores Romero, alias El Peye, como uno de los operadores detrás del conflicto político que enfrenta su administración.
Los Rojos, grupo criminal con mayor arraigo histórico en la Mixteca, nació tras la fragmentación del cártel de los Beltrán Leyva y consolidó una red de operaciones en Guerrero, Morelos y municipios poblanos como Acatlán de Osorio, Izúcar de Matamoros, Chietla, Tehuitzingo y Tulcingo del Valle.
Fuentes de seguridad consultadas por Quadratín Puebla señalaron que esta organización disputa corredores para el trasiego de drogas, el narcomenudeo, las extorsiones y el robo de vehículos.
Aunque la Fiscalía General del Estado (FGE) no ha confirmado las acusaciones hechas por Bárcenas, las referencias a Los Rojos en expedientes policiacos y hechos violentos en la región son recurrentes.
Junto con esta organización también ha ganado terreno la Nueva Familia Michoacana.
El grupo, asentado principalmente en Guerrero y el Estado de México, ha extendido su radio de influencia hacia municipios de la Mixteca Poblana, aprovechando la fragmentación criminal y las disputas entre células rivales.
Según fuentes de inteligencia policial, también existe la presencia del Cártel Jalisco Nueva Generación y del Cártel de Sinaloa mediante alianzas con bandas locales, aunque su influencia en la región suele ser menos visible y depende de operadores regionales.
La Mixteca Poblana, apuntaron, constituye una prolongación natural de la Tierra Caliente guerrerense.
La comunicación carretera entre ambas entidades ha permitido que organizaciones nacidas en Guerrero encuentren en Puebla una zona de refugio, movilidad y expansión de actividades ilícitas.
El escenario se refleja en municipios como Acatlán de Osorio e Izúcar de Matamoros, donde los episodios de violencia, desapariciones y ejecuciones han acompañado las disputas entre grupos delictivos.




