Nada Personal
“Ser enemigo de Estados Unidos es peligroso, pero ser amigo es fatal”
Henry Kissinger
Hay algo que la administración de Donald Trump ha conseguido a ambos lados de la frontera de su país: que mexicanos y canadienses aumenten su rechazo hacia el magnate.
Aunque hay muchas similitudes, también sería un error pensar que México y Canadá están viviendo exactamente el mismo conflicto.
Ambos países consideran agresivas muchas de las decisiones del gobierno de Trump, pero la manera en que las abordan es diferente, debido a la historia que los acompaña.
Una encuesta de Leger realizada en marzo de 2025 encontró que 81% de los canadienses y 76% de los mexicanos tenían una opinión desfavorable de Donald Trump. Pero el mismo estudio reveló algo todavía más interesante: 64% de los canadienses y 59% de los mexicanos dijeron que su frustración estaba dirigida principalmente contra Trump y no contra Estados Unidos como país.
Es decir, existe una distinción importante entre Trump y los estadounidenses.
Sin embargo, con el paso del tiempo, esa frontera se ha visto cada vez más difuminada, sobre todo en Canadá, donde muchos han comenzado a percibir la guerra comercial como una amenaza a su soberanía.
Para los canadienses, probablemente ninguna amenaza de Trump ha tenido tanta carga simbólica como la insistencia en presentar a Canadá como un posible “estado 51” de Estados Unidos.
Lo que para Washington puede presentarse como una provocación retórica, para muchos canadienses toca una fibra mucho más profunda: la identidad nacional. Y con eso no se juega.
Canadá no se ve a sí mismo como un país que necesita ser protegido, absorbido o subordinado por Estados Unidos. Durante décadas construyó una relación extraordinariamente cercana con su vecino: económica, militar, energética y cultural. Precisamente por eso, la traición resulta tan traumática.
La encuesta de Pew Research Center de 2025 mostró hasta qué punto se ha deteriorado la percepción canadiense. Apenas 34% de los canadienses tenía entonces una opinión favorable de Estados Unidos, una caída de 20 puntos porcentuales en solamente un año. El 64% tenía una opinión desfavorable. Pew señaló que se trataba del nivel más bajo de opinión favorable hacia Estados Unidos registrado en Canadá desde que comenzó esa medición, en 2002.
El concepto de amenaza contra su identidad se ha fortalecido aún más ante las tensiones entre ambos gobiernos. Desde Canadá se ha cuestionado que las negociaciones comerciales con Estados Unidos hayan estado acompañadas de presiones relacionadas con sus políticas lingüísticas y culturales, particularmente en Quebec, donde existen protecciones legales al francés.
Para los canadienses, este tipo de presiones no son un asunto menor: representan un cuestionamiento a protecciones legales y culturales que se han construido durante décadas.
A causa de ello, Trump ha utilizado los aranceles como instrumento de presión, amenazando directamente a sectores estratégicos y cuestionando la relación tradicional entre ambos países.
¿Será que Washington está poniendo a prueba hasta dónde puede presionar a Canadá?
Los canadienses parecen tenerlo muy claro.
En agosto de 2026, 76% de los canadienses respaldaba la estrategia del primer ministro Mark Carney de mantener una postura dura frente a Trump, después del fracaso de las negociaciones comerciales y de las medidas de represalia.
La disputa ha llegado incluso al terreno del consumo. Cada vez más canadienses han promovido el boicot a productos y viajes estadounidenses, intentando sustituirlos por alternativas nacionales.
Es una reacción que tiene una enorme carga simbólica:
Si Estados Unidos utiliza su poder económico para presionar a Canadá, algunos canadienses quieren demostrar que también pueden utilizar su capacidad como consumidores.
El conflicto comercial, de esta manera, empieza a convertirse en una cuestión de orgullo nacional.
México parte desde la experiencia y, por ello, su actuar ha sido distinto.
México lleva mucho más tiempo acostumbrado a relacionarse con Estados Unidos desde una posición de desigualdad económica y política, y la historia es la muestra de ello.
La guerra de 1846-1848, la pérdida territorial, las intervenciones estadounidenses, la migración, la frontera, el narcotráfico y las constantes disputas comerciales forman parte de una memoria histórica mucho más larga.
Por eso, cuando Trump amenaza con aranceles, deportaciones, operaciones contra organizaciones criminales o presiones sobre el gobierno mexicano, muchos mexicanos no perciben simplemente a un presidente estadounidense agresivo.
Perciben la posibilidad de que la enorme diferencia de poder entre ambos países vuelva a convertirse en una herramienta de imposición.
Y los datos de Pew lo muestran claramente.
En su encuesta de 2025, 91% de los mexicanos declaró tener poca o ninguna confianza en Trump para hacer lo correcto en asuntos internacionales. Y 87% expresó poca o ninguna confianza en su manejo de la política migratoria, el porcentaje más negativo entre los 24 países incluidos en ese estudio.
Aquí encontramos una de las principales diferencias entre México y Canadá.
Para Canadá, Trump representa principalmente una amenaza a su soberanía económica y política.
Para México, además, representa una amenaza directamente relacionada con la frontera, la migración, los mexicanos que viven en Estados Unidos y la posibilidad de una intervención estadounidense en asuntos relacionados con la seguridad pública del país.
Por eso, el discurso sobre el narcotráfico tiene un peso especial en México.
Cuando desde Washington se habla de combatir a los cárteles mexicanos, una parte de la sociedad mexicana puede coincidir con la necesidad de combatir al crimen organizado. Pero otra pregunta aparece inmediatamente:
¿Hasta dónde puede llegar Estados Unidos en territorio mexicano?
Desde la Presidencia de México se ha enfatizado una frase que resume buena parte de esta postura:
“Cooperación sí, subordinación no”.
A pesar de todo ello, ni Canadá ni México quieren romper relaciones con Estados Unidos, y eso lo saben muy bien.
Los datos lo demuestran.
Una encuesta realizada en mayo y junio de 2026 por el Chicago Council on Global Affairs, Buendía & Márquez y Nanos Research encontró que 73% de los mexicanos, 81% de los canadienses y 78% de los estadounidenses consideran que el T-MEC es bueno para la economía de sus respectivos países. Además, aproximadamente nueve de cada diez personas consideran importantes las relaciones económicas con sus vecinos norteamericanos.
Esto destruye una idea simplista:
Rechazar a Trump no significa necesariamente querer romper con Estados Unidos.
Ni los mexicanos ni los canadienses quieren abandonar el mercado estadounidense.
Ambos prefieren una relación en la que Estados Unidos no pueda imponer unilateralmente las condiciones.
En la encuesta de 2026 se muestra que 69% de los canadienses prefería que su gobierno resistiera las presiones estadounidenses, incluso con el riesgo de deteriorar las relaciones bilaterales.
En México, la sociedad está mucho más dividida: 49% prefería mejorar las relaciones con Estados Unidos, incluso aceptando algunas concesiones, mientras que 43% prefería resistir las presiones estadounidenses.
En Canadá, hasta la oposición se ha unido en un frente común. En México, la oposición sigue intentando sacar ventaja y sobrevivir.
México puede temer que el poder económico, militar y político de ese mismo vecino sea utilizado para imponer condiciones sobre un país que históricamente ha tenido menos capacidad de negociación.
Pueden existir diferencias, pero hay algo que nos une por completo:
Ninguno quiere convertirse en un subordinado de Washington.
Y es que Donald Trump ha conseguido algo que quizá no esperaba: que los sentimientos nacionales en ambos países aumenten.
Canadienses y mexicanos pueden tener diferencias profundas en su forma de enfrentar a Estados Unidos. Pueden tener intereses económicos distintos y experiencias históricas completamente diferentes.
Pero ambos parecen estar llegando a una conclusión similar:
La integración con Estados Unidos es necesaria.
La subordinación a Estados Unidos, no.
¿En qué resultará el tornado Donald Trump?