Columna Descomplicado/Jorge Robledo
“Por el bien de todos, primero los pobres” – Andrés Manuel López Obrador
El 31 de marzo, el presidente municipal de Puebla, José Chedraui Budib, puso en práctica —a su manera— un principio aprendido del luchador social Andrés Manuel López Obrador: dar prioridad a la gente de menos recursos.
Sin embargo, lo hizo de una forma peculiar. A través de sus redes sociales, publicó con orgullo un mensaje en el que se observa a la presidenta de la Junta Auxiliar de San Andrés Azumiatla, Anastasia Onofre Romero, agradeciéndole efusivamente por la entrega de materiales para que los propios vecinos se pusieran a bachear sus calles.
En el video se muestran mujeres y hombres —incluso adultos mayores— trabajando en una calle donde son evidentes las cuarteaduras que pronto se convertirán en baches. También se observan banquetas deterioradas e invadidas, así como presencia de basura.
En su mensaje, el alcalde informó que estos sacos para bacheo serán entregados en “todas las juntas auxiliares”. Cito:
“En Azumiatla, y en todas las juntas auxiliares, estamos entregando sacos de bacheo para ampliar el programa #BacheandoPuebla.
Solo trabajando en equipo podemos mejorar las condiciones de nuestras calles y de toda la ciudad.
Abrazo, presidenta. Nos vemos pronto en Azumiatla”.
Por su parte, la presidenta auxiliar señaló que los sacos únicamente servirán para la calle principal. Entonces surge la pregunta: ¿y las demás?
La duda es inevitable:
¿Por qué se pone a trabajar a ciudadanos de comunidades marginadas y no ocurre lo mismo en colonias de clase media o alta?
Al parecer, el alcalde entendió de forma muy particular el principio de “primero los pobres”: a ellos es a quienes pone a trabajar. ¿Por qué no aplicar el mismo esquema en colonias como La Paz, Zavaleta o Jardines de San Manuel?
¿José Chedraui mintió?
Durante la campaña, el 12 de mayo de 2024, en un acto público en el Salón Social Zavaleta, prometió que todas las calles de la ciudad serían relaminadas:
“Vamos a relaminar todas y cada una de las calles de Puebla…”.
Esta declaración se presentó como contraste frente al gobierno anterior, que presumía el bacheo, y como una promesa de que, con Morena, esa práctica quedaría atrás.
Sin embargo, hoy la realidad parece distinta: no hay recursos suficientes para relaminar todas las calles, y la estrategia principal sigue siendo el bacheo.
Vale la pena recordar su trayectoria política.
Inició en el Partido Revolucionario Institucional (PRI), donde fue diputado local plurinominal de 2014 a 2018 en el Congreso de Puebla. Posteriormente, fue presidente del Comité Directivo Municipal del PRI en Puebla entre 2015 y 2017.
También participó en estructuras de campaña de Enrique Peña Nieto, en un contexto político en el que López Obrador era su principal opositor.
En 2023 decidió buscar la presidencia municipal. En un momento en que varios priistas migraban hacia Morena, él siguió el mismo camino. Logró convertirse en candidato, aun sin ser militante formal, desplazando a perfiles con mayor trayectoria dentro del partido.
No fue sino hasta 2025 cuando formalizó su afiliación a Morena.
Este recorrido ayuda a entender por qué la interpretación del principio de “primero los pobres” puede diferir: su formación política no proviene de ese movimiento, sino del PRI.
Volviendo al tema central, hay que precisar algo importante:
El Ayuntamiento de Puebla sí destina recursos al bacheo. Se ha informado públicamente una inversión cercana a **200 millones de pesos** para este rubro. No obstante, el propio alcalde ha reconocido que **el 80% de las calles de la ciudad presenta baches**, y que reparar uno tiene una duración aproximada de **un año y medio**.
Entonces, surge una pregunta clave:
¿Es posible relaminar todas las calles de Puebla?
La ciudad, incluyendo sus juntas auxiliares, cuenta con entre **6,000 y 8,000 calles**, aunque no existe una cifra exacta. Muchas no han recibido mantenimiento en décadas y algunas siguen siendo de tierra.
La longitud total estimada es de **4,000 a 5,000 kilómetros**. El costo promedio de relaminar un kilómetro en México oscila entre **2 y 5 millones de pesos**, dependiendo de factores como el grosor del asfalto, la mano de obra y la infraestructura existente.
En un escenario conservador —4,000 km a 3 millones de pesos por kilómetro— el costo total sería de aproximadamente **12,000 millones de pesos**. Esto sin considerar drenaje, señalización, banquetas, arbolado o semaforización.
El presupuesto anual del Ayuntamiento ronda los **7,000 millones de pesos**, de los cuales deben cubrirse seguridad, servicios públicos, nómina y otros rubros esenciales.
Con estas cifras, resulta claro que relaminar toda la ciudad en un periodo de tres años es inviable.
Mientras no se replantee la asignación del gasto público, la ciudad seguirá atrapada en un ciclo: baches que se reparan cada año y medio, nuevas afectaciones que aparecen, calles de tierra que permanecen igual, y comunidades donde los propios habitantes deben asumir tareas que corresponden al gobierno.
La pregunta final es inevitable:
¿a quién beneficia realmente la forma en que se distribuyen los recursos públicos?
¿Te afecta la mala distribución del gasto? Sí.
Nos leemos pronto.




