Picotazo Político: MORENA
La ciudad de Puebla se ha vuelto cada vez más insegura. Apenas, en pleno 14 de febrero, en el Bar Sala de Despecho, un grupo armado asesinó a tres personas y dejó a cinco personas lesionadas. Casi una semana antes, en el Centro Histórico se registró una balacera que dejó un saldo de dos personas lesionadas.
La percepción de inseguridad en Puebla es alta, pues el INEGI identificó en diciembre de este 2025 que, a nivel nacional, fue la octava ciudad más peligrosa según la opinión de los poblanos.
Esta situación no sólo afecta a la economía y al turismo; también impacta a la ciencia que se desarrolla en el estado de Puebla.
En 2022, Puebla era la tercera entidad con más universidades en el país y, por lo tanto, un centro de desarrollo de grandes proyectos realizados por universitarios y catedráticos en distintos ramos, desde la ingeniería hasta las ciencias sociales y las humanidades. Incluso, jóvenes de otros estados migran para poder ingresar a universidades poblanas.
Los universitarios no pueden desarrollar todo su potencial si al salir a la calle son asaltados o si, al entrar a algún barpor la noche, temen no salir con vida.
La Universidad de Zacatecas publicó en 2023 el estudio “Impacto de la inseguridad en las instituciones de educación superior en Fresnillo, Zacatecas”, en el que, mediante encuestas a 101 alumnos de cuatro universidades de Fresnillo, se identificó que el 92.1% de los estudiantes universitarios consideró que la inseguridad en el municipio les afectaba como estudiantes.
No es casualidad que Suiza sea el país con mayor avance científico según el Índice de Innovación Global 2025 y que también sea el cuarto país más seguro de acuerdo con el Índice de Paz Global.
No se puede hablar de progreso si dentro de la calidad de vida de las personas se ve vulnerada su integridad debido a la inseguridad. Sin mencionar los problemas graves de contaminación que se viven en la ciudad de Puebla, como sus ríos sucios, su relleno sanitario al límite y las islas de calor que cada vez son más frecuentes. Esto también vulnera la seguridad de las personas, pero a nivel salud.
Todo está relacionado. Sin seguridad hay menos inversión empresarial, menos recurso económico, menos oportunidades de mejora, menos tecnología, menos capital humano dispuesto a hacer ciencia y el desenlace inevitable: fuga de cerebros.
Así que, o se mejora la seguridad, o habrá cada vez menos estudiantes, académicos, científicos e ingenieros dispuestos a vivir en la capital y hacer ciencia, producir conocimiento, proyectos e ideas que ayuden a resolver problemas de la vida diaria o desafíos más complejos.
El pasado 11 de febrero fue el Día de la Niña y la Mujer en la Ciencia. A través de las voces de académicas y de la lectura de artículos y carteles de divulgación científica, pude apreciar que la comunidad científica enfrenta sus propios problemas: pocas oportunidades laborales, escasa inversión en investigación, poco apoyo a quienes son recién madres científicas, falta de diversidad en las instituciones científicas, además de sexismo y mansplaining.
Utilizar la ciencia para que las aguas del Atoyac estén menos contaminadas, para que la calidad del aire mejore, para elevar la calidad de vida de las personas con discapacidad, para disminuir la cantidad diaria de residuos generados en la ciudad o para proteger las especies endémicas debería estar entre los proyectos principales del Estado.
Como dijo Nikola Tesla, el célebre ingeniero e inventor que revolucionó el uso de la electricidad: “La ciencia no es más que perversión en sí misma a menos que tenga como objetivo último mejorar la humanidad”.